El sparring de Julio César Chávez y Óscar de la Hoya en 1990
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El sparring de Julio César Chávez y Óscar de la Hoya en 1990

Varios años antes de que Julio César Chávez y Óscar de la Hoya se enfrentaran dos veces, hubo otro enfrentamiento en 1990, cuando De la Hoya, con 17 años, fue sparring de Chávez, que se preparaba para su combate con Meldrick Taylor.

Cuando Chávez y De la Hoya se enfrentaron oficialmente, primero en 1996 y luego en 1998, quedó la impresión de que Julio César llegó ya en un declive en su carrera que había empezado desde 1994, a pesar de que en su primer combate, Chávez era el campeón súper ligero del CMB.

Por eso, la sesión de sparring de 1990 nos da elementos interesantes de análisis. Óscar de la Hoya era un adolescente que ni siquiera había conseguido el oro olímpico que lo convirtió en el Golden Boy. Sin embargo, intentó comportarse con gallardía ante su ídolo Julio César Chávez. Se dio el lujo de meterle las manos, a velocidad, y en combinaciones rápidas y precisas. En ese muchacho de 17 años, ya se veía algo de lo que lo haría brillar años después en el boxeo. Pero eso fue, hasta que Julio se aplicó, le metió una derecha corta, y dejó a Óscar con una rodilla en la lona.

Como preparación para la pelea con Meldrick Taylor de marzo de 1990, la esquina de Julio César Chávez buscaba peleadores rápidos. Querían, además, que tuviera buen volumen de golpeo como sparrings. Uno de sus ayudantes llegó al “Resurrection Gym” buscando a Óscar de la Hoya, a Shane Mosley y a Pepe Reilly.

“Con mi entrenador, Robert Alcázar“, recuerda Óscar de la Hoya en su autobiografía American Son, “acudimos a una dirección que resultó ser un restaurante al que se le instaló un cuadrilátero en el segundo piso”.

Pepe, Shane y yo esperamos en una habitación contigua a que nos llamaran. Uno podría pensar que un adolescente se sentiría intimidado de subirse al ring con una leyenda, pero yo estaba emocionado”, recuerda De la Hoya.

De la Hoya asegura que Pepe Reilly y Shane Mosley utilizaron guantes de 12 onzas en su sesión con Chávez. Óscar le pidieron que usara guantes de 18. “Eran tan grandes que se sentían como almohadas, con tanto colchón que no podían hacer daño”, según De la Hoya. El mismo entrenador de Chávez le dijo que eso era porque ya habían escuchado cosas buenas de él.

“Me puse los guantes, subí al ring, y cuando sonó la campana, no me contuve. Lancé golpes fuertes, combinaciones rápidas y estaba acertando muchas de ellas. Para mí, la cosa iba en serio. Podía escuchar un murmullo de la gente que estaba presente. Yo quería dejar una buena impresión, y aparentemente, lo estaba consiguiendo”, recuerda Óscar. “Pero también capté la atención de Chávez. De pronto, me soltó una mano derecha, me conectó,  y puse una rodilla en la lona”.

Después de dos rounds se terminó la sesión. Sin embargo, un asistente del entrenador de Julio, se le acercó a De la Hoya. Le dijo que el gran campeón mexicano quería verlo y platicar con él. Le pidió que fuera a una dirección. Allí, Julio le dio la mano, y le dijo: “Me conectaste con buenos golpes. Eres un gran peleador”.

Y en el video que sobrevive de aquella sesión sparring de 1990 se puede confirmar que, en efecto, aquel Óscar de la Hoya adolescente, no tuvo miedo de su ídolo y que lució sus mejores herramientas boxísticas ante el gran campeón Julio César Chávez. Pero cuando Julio sintió que el muchacho estaba yendo más allá se aplicó y marcó su territorio.

De una u otra forma los caminos de Julio César Chávez y Óscar de la Hoya siempre terminaron cruzándose.

Cuando se volvieron a enfrentar cinco años después, Julio César Chávez ya tenía 33 años, iba en franco declive, mientras que Óscar de la Hoya, tenía 23, y estaba entrando en el pináculo de su carrera.

“La cara de Julio parecía un campo de batalla”, recuerda De la Hoya en su autobiografía, sobre las huellas en el rostro del campeón. “Y a mi me decían, ‘mírate, nunca te han cortado, mira tu nariz, no tiene desviaciones, mira tu sonrisa y tus dientes perfectos'”. No le daban, decía Óscar, el respeto de un verdadero peleador.

Pero esa noche de junio de 1996, Óscar de la Hoya tomó el cetro de los súper ligeros. Había nuevo rey.

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