La última decepción de Julio César Chávez Jr.
La última decepción de Julio César Chávez Jr.
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La última decepción de Julio César Chávez Jr.

Julio César Chávez Jr dejó pasar la última oportunidad de su carrera al renunciar al combate contra Daniel Jacobs al término del quinto round. Era una pelea pareja donde el mexicano había hecho una pelea digna, y de pronto, ante la sorpresa de todos, decidió ya no salir al sexto round.

En medio de la confusión en la esquina no se sabía en ese momento exactamente cuál fue la razón del abandono. La transmisión de DAZN reportaba que Julio decía haberse roto la mano. En la transmisión latinoamericana de ESPN, decía que porque se había roto la nariz, de donde estaba sangrando.

Al final, los reportes después de la pelea, indicaban que Julio se quejaba de que se había roto la nariz. Chris Mannix, reportaba declaraciones al final del combate donde el Junior decía que Jacobs estaba golpeándolo con el codo y dándole cabezazos. Decía que Jacobs no lo derrotó, sino sus golpes ilegales.

El caso es que Julio César Chávez Jr. decidió abandonar una gran oportunidad de reivindicarse y regresar con dignidad al boxeo. El momento en el que Chávez Jr. decidió salirse del combate, con ese pelo teñido de rubio y manchas azules, probablemente quedará para la posteridad como el último testimonio de lo que pudo ser, pero nunca quiso ser.

El mexicano estaba haciendo un buen combate. Estaba dando la sorpresa, y estaba volviendo con mucha dignidad. En la tarjeta oficial de IZQUIERDAZO, ganaba 48-47.

De inmediato, desde que inició el combate se notó un Julio César Chávez en clara superioridad física. Usaba muy bien un jab que se sentía pesado. Tan pronto como Daniel Jacobs sintió el jab en su rostro su mirada reflejó la sorpresa de sentir ese poder. Cada que Julio lograba meter el jab echaba para atrás a Jacobs.

El primer round fue una muy grata sorpresa para ver a Chávez. Parecía el Chávez de antaño, combinando arriba y rematando con el gancho al hígado abajo, uno de los pocos legados que heredó de su padre. Se veía un Julio agresivo, soltando las manos. Rápido, se respiró en el ambiente la sensación de que había pelea.

Sin embargo, Julio volvía a entrar a esas lagunas en las que no tira golpes. Y metió a Jacobs también en esa maraña. El segundo round fue de muy poca acción. Julio iba sobre Jacobs y le cortaba muy bien el ring. Cuando Jacobs intentó atacar, Julio movió muy bien la cintura quitándose la mayoría de los golpes. Ya eran dos rounds en favor de Julio César Chávez Jr.

Daniel Jacobs se veía muy cuidadoso en los primeros rounds de la pelea. No proponía, ni jabeaba. Eran rounds de poca acción porque Julio tampoco se animaba a ir al frente. Se abalanzaba sobre Jacobs y le recargaba el cuerpo buscando cansarlo. El tercer round, por ejemplo, fue muy parejo, y se podía ir para cualquier lado.

El estadounidense tuvo en el cuarto a su mejor round. Se fajó con el mexicano al final del round y sacó los mejores golpes ante un Julio al que ya le empezaba a afectar estar tan amarrado sin soltar golpes. Al final, Julio se soltó en ese intercambio final, pero Jacobs sacó la mejor parte. Era un round en favor de Jacobs.

El quinto round fue para Chávez, y quizás junto con el primer episodio, fueron los mejores momentos del mexicano. Salió agresivo, y fue como cazador sobre Jacobs le cortaba el ring, le ensuciaba un poco la pelea y hacía sentir su golpeo. Lo mismo con largos golpes de poder que con el jab. En ese quinto round volvió a usar con propiedad el jab como en el primer round, y entraba pesado y nítido sobre el rostro de Jacobs.

Y luego, vino lo inexplicable. Julio se salió de la pelea cuando mejor estaba. Ya no quiso salir al sexto round. Sangraba de la nariz, aunque no parecía rota. En la esquina pareció haber dialogo de una mano rota.

Las cámaras captaron la expresión de Julio César Chávez padre. Se veía frustrado, decepcionado, reclamando a la distancia que Julio renunciara tan fácilmente al combate.

La redención se asomó a Phoenix. Parecía una de las grandes historias del año, Julio César Chávez Jr.venciendo a al adversidad, a sus propios demonios, y regresando a hacer una gran pelea frente a un rival digno como Jacobs.

Pero al final, el Junior nos recordó que no le gustan los finales felices. No le gusta rubricar las grandes historias. Tampoco parece tener el menor interés por la épica o el drama.

Se marchó del combate en sus propios y caprichosos términos, como ha sido siempre su carrera. Y así se marchó del ring, en medio de una lluvia de cerveza y de reclamos, por parte de sus paisanos  que habían comprado miles de boletos.

Julio se marchó de ese combate, y se marchó ese ring. Probablemente, ahora sí, para siempre.

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