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Las 10 peleas de boxeo que paralizaron a toda Argentina

Las 10 peleas de boxeo que paralizaron a toda Argentina
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Con recuerdos memorables y grandes campeones, el boxeo es una de las pasiones nacionales en Argentina, y hoy repasamos las 10 peleas de boxeo que por emoción, esperanza, expectativa, y un poco de ánimo soñador, lograron paralizar a toda Argentina.

1. Luis Ángel Firpo contra Jack Dempsey 

Luis Ángel Firpo le cabe con certezas la calificación de padre del boxeo argentino. Dejó su sello, más allá de conseguir triunfos resonantes, por tener una histórica disputa por el título mundial pesado ante Jack DempseyEl 14 de septiembre de 1923, Argentina miró hacia Nueva York, donde Firpo enfrentaba a Dempsey

Para el final del primer round, llegó el momento que quedaría inmortalizado. Firpo alcanzó Dempsey en el centro del ring. A golpes lo llevó contra las cuerdas y a golpes lo sacó del cuadrilátero.

Dempsey cayó sobre un fotógrafo, y golpeó su cabeza con la máquina de escribir de un periodista. Los ocupantes del ringside auxiliaron a Dempsey para volver al ring, algo fuera del reglamento. La descalificación hubiera sido precisa. Incluso, el réferi separó las cuerdas para que Dempsey volviera al ring. 

El pugilista argentino era el primer latinoamericano que disputaba un título mundial en los pesados, y cerca estuvo en ese momento de ganarlo. Dempsey se recuperó, y derribó a Firpo dos veces más hasta terminar por noquearlo en el segundo asalto. Ahí murió el sueño argentino, el sueño latinoamericano.

Hasta aquel entonces, este las peleas de boxeo estaban prohibidas en Argentina. Sin embargo, el país sudamericano se paralizó. El enorme escritor argentino Julio Cortazar recordó, en La Vuelta al Día en 80 Mundos, como en su barrio se reunieron todos alrededor de las pocos aparatos de radio que existían para escuchar la pelea desde Nueva York.

La transmisión en Argentina se cortó cuando Firpo sacó a golpes a su rival fuera del ring, lo que generó nervios, gritos y ansiedad ante el drama que se había dejado de escuchar. Quienes no tenían acceso a un aparato de radio, miraban hacia el Palacio Barolo en avenida de Mayo, en Buenos Aires, a la espera de la ansiada señal. El faro, en lo más alto del edificio, informaría con su haz de luz, quien había resultado ganador en Nueva York: luz roja, si ganaba Dempsey; verde, si ganaba Firpo.

Y de pronto, el faro pintó verde. Erróneamente, dio ganador a Firpo. Los sombreros argentinos volaron por lo alto. Hasta que, como apuntó Cortázar, la verdad suplantó a la ilusión. Pocos minutos después se corrigió el resultado, y la euforia se convirtió en decepción.

Sin embargo, al ver el interés que despertó la velada en la población, y el dinero generado en cada espectáculo, el gobierno nacional decidió legalizar el boxeo en todo el territorio argentino en 1924.

Los homenajes para Luis Ángel Firpo no se reducen solamente a su país natal, donde todos los 14 de septiembre se festeja el Día del Boxeador Argentino.

George Bellows, pintor y litógrafo, retrató el momento cumbre de la carrera de Firpo en uno de sus cuadros más famosos, donde se lo ve tirar a Jack Dempsey fuera del cuadrilátero. Está considerada como la obra artística más importante en cuanto a temática deportiva.

El propio Matt Groening, creador de Los Simpson, imitó el hecho en el capítulo 156 de la octava temporada. 

En Centroamérica, en El Salvador, juega el Club Deportivo Luis Ángel Firpo, con los colores de San Lorenzo, equipo argentino del que era hincha el histórico boxeador, y un toro en el logotipo. Decidieron bautizar así su club desde el momento mismo en que escucharon la pelea contra Dempsey por la radio.

Si hubo una pelea que paralizó a Argentina, fue la de Luis Ángel Firpo contra Jack Dempsey.

2. Ringo Bonavena contra Muhammad Ali

La expectativa despertaba entre los fanáticos. El campeón del pueblo, Oscar Bonavena, iba a medir fuerzas con Muhammad Ali. El más simpático, contra el mejor. El más carismático, ante el más grande. Bonavena lo buscó por todos lados, y obtuvo su posibilidad de oro. Sin ser su mejor versión, el de Parque Patricios se enfrentó a una de las formas menos perfectas de Ali.

Los entrenamientos fueron crueles. Ringo se preparó para ganar, y el estadounidense para demostrar que verdaderamente había regresado. Los cruces para la prensa, las conferencias y el pesaje fueron escenas plagadas por las más asquerosas miserias. Insultos bajísimos, amenazas, y racismo explícito hicieron de este chiquero mediático una sabrosa antesala para la pelea del 7 de diciembre de 1970. Alcanzaría récord de audiencia en Argentina.

Desde lo pugilístico, la contienda no fue buena, pero no se puede dejar de destacar que los dos protagonistas ofrecieron sus vidas sobre el cuadrilátero. Aristas como la torpeza, lentitud, golpes poco claros y abuso del clinch, se hicieron con el control del duelo. El argentino aguantó hasta el decimoquinto round, tuvo sus momentos, llegó a conectar golpes importantes e incluso a doblarle las piernas a Ali en algún pasaje de la pelea. Sin embargo, Ringo terminó noqueado por The Greatest en la única derrota antes del límite de su carrera.

Terminaron la noche abrazados, entre agradecimientos, felicitaciones y hasta disculpas por las marrullerías previas. Ambos demostraron ser dos caballeros, que tomaron los agravios como una herramienta más para vender entradas y llenar de espectadores el Madison Square Garden.

Bonavena nunca llegó a campeón mundial. De hecho, cayó derrotado en la mayoría de sus contiendas de importancia, como las dos ocasiones en que enfrentó a Joe Frazier, o en su presentación con Floyd Patterson.

Ningún defecto astilló su imagen de ídolo nacional. Su trágico asesinato a balazos, perpetrado por los matones del mafioso Joe Conforte, agigantó aún más al rey sin cinturón.

Hoy, en una de las tribunas del estadio Tomás Adolfo Ducó, donde hace de local su querido Club Atlético Huracán, la estatua de Ringo custodia a los quemeros, con uno de sus inmortales signos característicos, con los que revivió al negocio del boxeo argentino.

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Estatua de Oscar Natalio Bonavena en el Estadio Tomás Adolfo Ducó

3. Nicolino Locche contra Takeshi Fuji

Nicolino Locche transformó su simpatía y su poco convencional forma de pelear en una marca registrada. Con la misma, agigantó su figura de ídolo nacional en la República Argentina. Noche a noche, entre esquives, movimientos veloces, y actos propios de un fenómeno circense, se ganó las ovaciones de toda la nación.

Locche no daba pelea, sino que brindaba un espectáculo completamente distinto. No había sangre, brutales nocauts, y hasta se dice que durante varios minutos de combate ningún deportista conectaba una sola mano.

Al principio, los fanáticos lo miraban de costado. “Esto no es boxeo, viejo”, se murmuraba en las filas aledañas al ring. Tiempo después, el público entendió que era una forma diferente que no se conseguía en ninguna otra parte del globo terráqueo.

Pero, para que esta imagen perfecta del boxeador que no recibió golpes tuviera un aval histórico, faltaba el cinturón. Ya había combatido con fenómenos como Joe Brown, Ismael Laguna y Carlos Ortíz, quien terminó por decir que era un conejo.

El país en pausa cuando el tunuyanino se calzaba los guantes, como rezaba el tango: “Esta noche minga de yirar, si hoy pelea Locche en el Luna Park”.

Ahora tocaba salir del Luna y viajar a Japón, para demostrar que realmente era el mejor super ligero de todos. Frente a él, Paul Takeshi Fuji, un estadounidense de ascendencia japonesa capaz de derribar un muro con sus puños y de inmolarse para retener su título.

Locche entrenó como nunca. Basta con decir que entrenó, algo que no hacía regularmente. Un mes antes de la maravillosa y esperada velada, el Intocable del boxeo argentino ya estaba en territorio asiático junto a su equipo. Las tácticas cambiarían. El argentino tenía que pegar, pero como nunca. No alcanzaba con eludir (que no era poco ante el poder de Fuji), porque prevalecía la ofensiva. La preparación fue excepcional, a punto tal que abrumaba la seguridad y la tranquilidad de Nicolino.

Y por fin llegó la noche del 12 de diciembre de 1968. Tokio lista para admirar esta guerra, que arrancó con la iniciativa de quien hacía las veces de local.

El mendocino esquivó y jugó con su izquierda durante los primeros cuatro rounds. A partir de esa campanada, acelerador a fondo en busca del cetro. Con el correr de los minutos, la frustración y el cansancio por la cantidad inútil de combinaciones lanzadas, junto con el dolor por los impactos recibidos, hicieron mella en el físico del hawaiano.

En el octavo round, buscó impactar con un cruzado de mano izquierda y terminó en la lona por la sorprendente cintura de su contrincante. Para el décimo, el abandono de Paul Fuji fue inevitable. Con los ojos cerrados y la mueca del agotamiento en su rostro, se terminó su reinado.

Así se transformó Nicolino Locche en nuevo campeón del Consejo Mundial de Boxeo, en la categoría de los superligeros, ante 10.000 espectadores presenciales, y miles de compatriotas prendidos a la transmisión radial en la madrugada argentina.

El cinturón fue el último detalle restante para que Locche se transformara en ídolo popular indiscutido de los fanáticos del boxeo argentino. En la ciudad argentina de Mendoza, el de Tunuyán tiene su estatua.

Estatua de Nicolino Locche, en el parque mendocino "El Intocable"
Estatua de Nicolino Locche, en el parque mendocino “El Intocable”

4. Sergio “Maravilla” Martínez contra Julio César Chávez Jr

La historia que protagonizó Sergio “Maravilla” Martínez con el campeonato mediano del Consejo Mundial de Boxeo, es digna de una telenovela.

Martínez se hizo del cinturón tras despedazar en las tarjetas a Kelly Pavlik, el 17 de abril de 2010. También sacó de combate históricamente a Paul Williams en su primera defensa, con el sexto mejor nocaut de la historia, según la revista The Ring y la Asociación de Escritores de Boxeo .

Acto seguido, el CMB decidió otorgarle a Martínez el reconocimiento de Campeón Emérito y Diamante. A cambio de ese galardón, las autoridades lo corrieron arbitrariamente de su lugar de campeón del mundo para hacerle lugar a Julio César Chávez Jr., el hijo de la leyenda mexicana.

Maravilla le ganó a Sergiy Dzinziruk, Darren Barker y Matthew Macklin, por lo que se dispuso a buscar lo que le pertenecía y le habían sacado: el cinturón de las 160 libras.

El quilmeño persiguió a Julio César Chávez Jr, titular de la categoría, durante un tiempo largo. Mientras tanto, se encargó de hacer crecer su imagen popular en todo el mundo.

Brindó muchísimas entrevistas, y trató de no dejar fuera ninguna de sus hábiles facetas. En Duro de Domar hizo stand up, otra de sus vocaciones. La pelea había que calentarse como fuera para que generara dinero.

Puede que el baile no sea lo suyo, pero lo hizo con el ímpetu que tuvo, tiene y tendrá como estandarte en su vida. Fue participante momentáneo en el Bailando por un Sueño de Showmatch, a mediados de 2012.

Por su simpatía y su carisma, el nacido en el Conurbano Bonaerense despertó el cariño en los corazones de casi todos sus compatriotas, a pesar de que llevaba largo tiempo viviendo en España. Pero cautivó, incluso, a quienes no prestaban atención al boxeo. Además, Martínez llevaba consigo la causa de justiciero: la del campeón despojado. 

Con todo el apoyo de argentinos, españoles y otros habitantes del mundo, después de las habladurías características en rueda de prensa, Martínez enfrentó a Chávez el 15 de septiembre de 2012, en el Thomas & Mack Center de Las Vegas.

La apertura del duelo tuvo a Sergio “Maravilla” Martínez con la iniciativa, y a Julio César Chávez Jr. sin ánimos ni chances de lastimar demasiado a su contrincante.

Sergio Martínez siempre supo que existían dos caminos para ganar ese pleito: Llevarse al menos 10 de los 12 rounds de manera indiscutida, o noquear a su oponente.

El desarrollo del cruce mostró a Martínez conectar de manera quirúrgica, rápida y fuerte, con algunos golpes menores de Chávez sobre su humanidad, que no le generaron daños significativos.

Tal premisa se mantuvo durante 11 asaltos de la contienda, pero todo cambió con la penúltima campanada, cuando el boxeo argentino pareció infartarse.

La doceava porción fue absolutamente contraria a lo visto anteriormente. Si bien Maravilla mantuvo el dominio durante el minuto inicial, generó espacios y fue al golpe por golpe innecesariamente, lo que habilitó al Junior a meterse en competencia para el cierre.

Con una combinación potente, que tuvo una exactitud preponderante, el mexicano logró que el de Quilmes se tambaleara y lo lanzó a la lona con un último cruzado al rostro.

Mientras el argentino se levantaba, el mundo entero estaba paralizado. Entre las masas que presenciaron el episodio, se mezclaban sentimientos y pensamientos a mansalva. Con felicidad o tristeza, con enojo o alegría, con impotencia o euforia, cada uno de los rostros reproducía una sorpresa inabarcable. “Salí de ahí”, le gritaban los relatores argentinos a su compatriota.

La cuenta llegó a 8, y Martínez ya estaba de pie. Lejos de enfriar el trámite y hacer pesar lo conseguido en las otras 11 etapas, Maravilla tenía entre cejas el éxito, y mantuvo su plan de pelea.

Sergio Martínez fue a buscar a Chávez, con el indeclinable propósito de castigarlo antes de la última campanada. Lo logró con algunos impactos, pero sin conmover la figura del Hijo de la Leyenda, quien intentó lo que su padre contra Meldrick Taylor, aunque sin éxito.

Después de muchísimos años, Argentina tenía un campeón mundial que se había encargado de enamorar a seguidores y ajenos del pugilismo. Sergio “Maravilla” Martínez , además de un enorme deportista, fue, es y será un rey absoluto para cautivar al público.

A partir de esa, la actuación que le devolvió el cetro mundialista, los gimnasios se plagaron de pequeños proyectos de campeones, inspirados por la figura del hombre que rompió con todos y cada uno de los estereotipos de su profesión.

No es errado catalogar esta victoria de Maravilla Martínez, como la última gran piedra fundamental del boxeo argentino.

5. Marcos “Chino” Maidana contra Floyd Mayweather Jr I

Marcos Maidana se ganó un lugar en el corazón de los seguidores del boxeo argentino con sus armas nobles, su hambre de gloria, y su carisma. Y lo hizo desactivando a Adrien Broner, el soberbio, el exuberante, el bocón, el prepotente. 

Por paradójico que pueda sonar, el premio por ese triunfo, fue el boleto a una misión casi imposible: vencer al invencible Floyd Mayweather. El del récord de 45-0 que parecía inquebrantable.

Maidana opacó sus propias falencias técnicas, y peleó con cuanto monstruo pusieron frente a él. Con el poder aplastante de sus manos, las mañosas tácticas de Robert García, y su garra característica, se abrió camino hacia Mayweather como un auténtico tractor.

La cita era el 3 de mayo del 2014, en el MGM Grand de Las Vegas. Bautizaron el espectáculo como “The Moment”. Para el Sabalero, era eso. El momento, su momento. Mejor dicho: Su mejor momento. Rápido, fuerte, vivo, en racha, sin miedo, y con la posibilidad de sellar a fuego su existencia boxística.

Para el invicto, parecía una defensa más, pero no lo fue. Maidana iba mentalizado a ser un destructor que transitaba la plenitud de su estado. Un verdugo incansable, con un entrenador que diseñó un plan puntilloso, en base a las fortalezas y debilidades de cada quien, con 45 padres que deberían tener herramientas para dejar lo menos posible librado al azar.

Lo único incómodo para el argentino, fueron sus guantes. Tras reiteradas quejas de su par estadounidense, los entes reguladores del pleito obligaron al Chino Maidana a pelear con elementos sobre sus manos bastante más grandes que los que tenían por costumbre.

El evento agotó localidades y vendió más de 900,000 accesos al pay-per-view, con una recaudación final que rondó los 78 millones de dólares.

Segundos afuera, campanada, ya combatir. Maidana intentó, dentro de sus limitaciones, retrotraer la leyenda viviente al estatus de mito. Golpe a golpe, arrinconó a Mayweather cuantas veces pudo, pero sin mucha claridad a la hora de conectar. Lideró algunos asaltos entre el 1 y el 8, pero le faltaba exactitud que a su rival no. 

Maidana fue al frente, tiró manos como muñeco de cuerda. Por arriba, por abajo, por un lado por el otro. Se le plantó enfrente a Mayweather, y cada que el estadounidense se marchaba, Maidana iba con él, y se le volvía a plantar enfrente. Y volvía a tirar todas las manos, todo el tiempo. Varias de ellas lograron entrar en la humanidad de Mayweather. El estadounidense fue tocado esa noche por Maidana, como hacía varios años no lo tocaban. Pero no fue suficiente.

Cuando el santafecino ya comenzó a sentir la falta de aire, Pretty Boy demostró por qué observaba al resto desde la cima. Preciso, estético, rápido y firme, el estadounidense se hizo con el control total de la pelea, y anuló los esfuerzos de su contrincante.

Las rondas 8, 9, 10 y 11 fueron irrefutablemente suyos. Para el cierre, pasión y últimos cartuchos de estos caudillos que no se guardaron nada. Justamente, tanto por justicia como por justeza, Floyd Mayweather superó por decisión mayoritaria a Marcos René Maidana (114-114, 116-112 y 117-111). La revancha es anecdótica. El estadounidense repitió triunfo, esta vez de manera unánime (116-111, 116-111, 115-112) y engrosó su derrotero a 47 victorias en 47 contiendas, con 27 nocauts.

Maidana perdió sus cetros, pero se colgó para siempre en el clamor popular, especialmente, de los locos conmovidos del boxeo argentino. Su imagen trascendió incluso la de un gran campeón mundial, para transformarse en ídolo de la gente. El Chino enarbolaba los valores que tanto encienden al pueblo latinoamericano. Querido en México, y querido en Argentina, Maidana conquistó territorios, desde el Río Bravo hasta la Patagonia. Algunas de sus más grandes hazañas, aparecieron retratadas en grandes murales de la Provincia de Buenos Aires, como los del club José Soldati.

6. Jorge “Roña” Castro contra John David Jackson

El 10 de diciembre de 1994, el boxeo argentino se puso nuevamente de pie para vivir una pelea emocionante por campeonato mundial. La misma, tuvo como protagonistas al monarca Jorge “Roña” Castro y John David Jackson .

Una mega velada tuvo lugar en el Estadio de Beisbol de Monterrey, México. La misma, contó con nueve duelos por títulos del mundo. Castro, por entonces, era el campeón mediano de la Organización Mundial de Boxeo  y expuso su cetro ante Jackson, como parte del super evento en suelo mexicano.

Si bien era el favorito y llevaba las de ganar para revalidar su corona, el argentino tuvo frente a sí un hueso duro de roer, que le complicó bastante su presentación. Jackson llegó invicto al duelo, y supo tener en apuros a su oponente. Una vez cerrado el octavo asalto, el retador dominaba ampliamente las tarjetas.

Los cortes en los ojos del Roña, y la pérdida exagerada de sangre, hicieron que el réferi se planteara la duda sobre la continuidad del combate.

“Este chico no puede seguir”, afirmó el árbitro Stanley Christodoulou al rincón del santacruceño. “Dele el round del campeón”, le rogó el segundo director de Jorge Castro al encargado de impartir justicia. Y se lo concedieron.

En el noveno round, el último que el colegiado le otorgó a Locomotora, el estadounidense fue por él. El argentino, contra las cuerdas, recibió todo tipo de envíos del nacido en Denver sin ofrecer respuesta.

Castro aprovechaba cualquier contacto con Christodoulou para limpiarse la sangre de sus cortes en su camisa, que ya parecía un trapo de carnicería. No se veía forma alguna de que el santacruceño pudiera revertir el combate.

Con un minuto en el reloj, una larga mano izquierda de Jackson alcanzó el mentón del argentino, que acusó recibo. Las piernas se le contorsionaron y parecía noqueado de pie. A tropezones se replegó hacia las cuerdas, hasta donde Jackson fue a buscarlo.

Jackson acudió convencido de que estaba a segundos de terminar al Roña Castro. Pero el argentino, canchero, pícaro y criollo, se hacía el muerto. En cuanto Jackson intentó terminarlo, Roña lo midió de reojo y le metió una mano brutal que mandó a la lona a Jackson
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, de la que nunca se pudo aliviar. El estadounidense se levantó de la lona, lo volvieron a tirar, se volvió a levantar. Hasta que llegó la compasión del réferi.

La escena se volvió épica. Todo el estadio en México estaba de pie, mientras Jorge Fernando Castro, con los ojos cerrados y tinto en sangre, levantaba su puño izquierdo: La Mano de Dios, que le dio uno de los nocauts más dramáticos en la historia del boxeo.

7. Martillo Roldán contra Marvin Hagler

La carrera de Martillo Roldan quedó marcada por los grandes rivales a los que enfrentó. Gigantes como Marvin Hagler, Tommy Hearns, y quizás en menor estatura, pero también grande, Michael Nunn. Ante todos ellos, en peleas por títulos mundiales.

Si bien cayó derrotado en sus tres oportunidades por el máximo cetro, Roldán se ganó un lugar más que preponderante en la historia del boxeo argentino . Tal logro se lo debe a su carisma, su entrega sobre el ring, la estatura de sus oponentes y su gran habilidad para la venta de espectáculos.

La carrera de Juan Domingo Roldán es comparable a la de Ringo Bonavena . Ambos pertenecen al grupo de boxeadores que se transformaron en ídolos populares, sin importar qué y cuánto ganaron.

El nacido en Freyre tuvo su primera oportunidad dorada con Hagler , el 30 de marzo de 1984. Tal choque tuvo lugar en el Rivera Hotel & Casino de Las Vegas, en Estados Unidos.

Obviamente, el estadounidense era el máximo candidato al triunfo, pero al argentino jamás le quedó incómodo no ser el favorito. Su estilo y su personalidad, además de otorgarle una butaca de privilegio en el corazón de sus compatriotas, lo ayudó a luchar contra las desventajas sin mayores complicaciones.

Martillo tomó la iniciativa, y buscó a su contrincante con el apuro de quien necesita cerrar sus trámites lo antes posible. Quizás fue eso lo que ayudó al cordobés a tirar a la lona a Marvelous por primera vez en su etapa profesional.

Existen varias dudas sobre esa acción. Muchos hablan de que Hagler se resbaló, mientras que otros sostienen que, al encontrar mal parado a su rival, Roldán le propinó el golpe justo para llevarse el primer round por 10-8.

La cuanta del árbitro Tony Pérez existió, por lo que los argumentos contrarios pasaron desde ese momento a un plano de discusión anecdótica.

El retador buscó con inteligencia y buenas indicaciones de su rincón, las combinaciones y la distancia pertinente para sufrir lo menos posible al campeón.

“Concéntrate, por favor, Juanito. Dale”, le dijo su segundo principal a Roldán , antes del siguiente asalto ante Hagler . La clave era mantener al animal de Córdoba al 100% mentalmente, para que tome las decisiones precisas en los momentos exactos, y aproveche así al máximo cada oportunidad.

Dicho plan se mantuvo, pero la habilidad del oriundo de Nueva Jersey, junto con su solidez y la potencia de sus puños, alejaron al gran campeón de la que podría haber sido su corona, más allá de la magnífica actuación realizada.

Con el ojo derecho cerrado, Roldán enfrentó la décima etapa de contienda contra Hagler , con sobrada dignidad. Entre ataques, arremetidas, algunas caídas y combinaciones sin demasiado éxito, Martillo sucumbió ante una poderosa combinación de golpes curvos que Hagler aterrizó sobre su rostro, la que le ayudó a triunfar por nocaut.

Debido a la peligrosa hinchazón del ojo derecho de Roldán por los dedazos de Hagler , los organismos principales que rigen el pugilismo mundial decidieron cambiar la anatomía de los guantes.

A partir de ese momento, el pulgar se ligó al resto de la mano para conformar un mitón y ahorrar el riesgo de que los pulgares afecten la visión de quien recibe los golpes.

En Argentina, la de Martillo Roldán con Marvin Hagler, fue una derrota sin tanto gusto amargo. Era el sello que le faltaba al pasaporte del boxeador campesino para viajar al país de las leyendas.

Reciente y lamentablemente, Martillo Roldán perdió el duelo contra el coronavirus y dejó este mundo, aunque su mito sigue vigente en el pueblo.

8. Carlos “Tata” Baldomir contra Zab Judah

Carlos Manuel Baldomir jamás fue un candidato serio al título del mundo, ni siquiera cuando le tocó pelear por ese premio ante Zab Judah .

Baldomir fue un boxeador que, mientras preparaba sus peleas, vendía plumeros en las calles de Santa Fe, para darle de comer a su familia.

El santafesino tuvo un comportamiento ejemplar desde el año 2000, lo que le ganó escalar peldaños de eliminatorias y ganarse su chance mundialista, recién ejecutada el 7 de enero de 2006 contra Judah, justamente.

Aquella velada se realizó en el mítico Madison Square Garden de Nueva York, con el campeonato welter del Consejo Mundial de Boxeo en juego.

La Federación Internacional de Boxeo no reconocía al Tata como retador, por lo que el cinturón de dicha entidad no fue puesto en juego para el argentino.

Por lo visto hasta ese momento, las esperanzas argentinas eran prácticamente nulas, pero la época empujaba al público a brindarle aliento a un compatriota en representación global.

Bajo las calificadas voces de Osvaldo Príncipi y Julio Ernesto Vila, la transmisión de TyC Sports fue la encargada de comunicar lo que sucedía en Estados Unidos a todos los compatriotas del aspirante.

Sin la estelaridad y con las indicaciones del gran Amílcar Brusa, como Carlos Monzón ante Nino Benvenuti, el humilde pugilista fue a cobrarse su boleto de oro.

Mientras el árbitro daba las indicaciones típicas previas al inicio del pleito, el estadounidense golpeó al de Argentina en el muslo izquierdo, acción por la que no fue sancionado y el argentino ni siquiera se inmutó.

Sonó la primera campanada, y Carlos Manuel Baldomir fue a por Zab Judah. Imperioso, pero inteligente. Fuerte, pero atento a las arremetidas de su rival, el Tata sabía que ese era su momento.

El rincón de Carlos Baldomir había puesto en conocimiento a su dirigido de que, si Judah no noqueaba antes del cuarto round, su rendimiento mermaría con el correr de los minutos.

Por el contrario, el desempeño de Baldomir fue en recta ascendente, hasta llegar al séptimo asalto, en la cumbre de su boxeo.

Para dicha etapa, el Tata dejó sin ideas a Super, quien no hizo más que tratar de escaparse de los golpes que le llovían. Sin instinto de noqueador, el de Santa Fe no supo como finiquitar al titular CMB y FIB, pero lo tuvo tambaleante en dos claros pasajes del combate.

Sin mayores sobresaltos y con la superioridad de Baldomir, llegó la última ronda. Un corte entre cejas para el desafiante por un cabezazo de su contrincante, el mismo que llevaba un tajo bajo su ceja derecha, producto de la insistencia del argentino.

Sonó la campanada final, con el festejo anticipado de Carlos Manuel Baldomir, quien levantó sus brazos y saltó durante los últimos 10 segundos de reyerta.

Tras el abrazo entre los protagonistas, llegó el momento de la definición. Arthur Mercante , encargado de impartir justicia, le comentó al Tata Baldomir el logro obtenido, incluso antes que Jimmy Lennon Jr , presentador de Showtime .

“El réferi, antes de que den el fallo, me dijo: ‘champion, champion’, y lo miré”, contó el santafesino en una entrevista con Boxeo de Primera . “Ahora me doy cuenta de, cuando agarró las tarjetas, les pegó un ojo. Ahí es donde vio la diferencia”.

Argentina celebró, con loas y homenajes para su nuevo campeón mundial, quien parecía haber sido olvidado años antes de su ópera prima.

 

Su imagen de tipo bonachón y de ídolo popular, se quebró cuando fue acusado de abuso sexual agravado a su hija, el 29 de octubre de 2016.

Desde ese momento, Carlos Baldomir estuvo bajo arresto. Luego de casi tres años de proceso, el 31 de julio de 2019 se confirmó su culpabilidad. 18 años de condena son los que le corresponden al ex pugilista por haber perpetrado tan aberrante ilícito, aunque sus abogados apelaron y recortaron la condena a 16 años y 6 meses.

Durante el juicio, el deportista retirado se encargó de amenazar a varios periodistas con gestos y algún que otro murmullo.

Baldomir fue dado por muerto erróneamente en marzo de 2020, tras un motín en el penal de Las Flores, donde cumple hasta hoy sus días de encierro.

9. Carlos Monzón contra Rodrigo Valdez II

Carlos Monzón fue, posiblemente, el mejor campeón mundial que tuvo el boxeo argentino. Tras noquear de manera impresionante a Nino Benvenuti en 1970, se hizo con los títulos de la AMB y CMB.

Monzón llegó al impactante récord profesional de 87 victorias, 59 antes del límite, tres derrotas y nueve empates. A su vez, realizó 14 defensas exitosas de su cetro, y nunca perdió por la vía rápida.

En 1974, luego de doblegar a Mantequilla Nápoles , el argentino se negó a realizar el control antidoping reglamentario. Dicha objeción le valió al Consejo Mundial de Boxeo para correrlo de su trono.

Se rumoreó que la entidad necesita monarca propio, y por eso tomó la falta de Escopeta para lograr el cometido. Posteriormente, se organizó la disputa entre Rodrigo Valdez y Bennie Briscoe, para definir el reinado vacante. El colombiano se quedó con el cinturón, e hizo seis defensas.

Para el primer cruce entre Carlos Monzón y Rodrigo Valdez, la desgracia y la delincuencia le jugaron una mala pasada al colombiano. Su hermano fue asesinado, tras un hecho confuso en un bar de Cartagena.

Con la tristeza a cuestas y sobradas ganas de acompañar a su familia en el difícil momento, Valdez debió cumplir con su obligación contractual y pelear con Monzón en el Stade Louis II del Principado de Mónaco.

El argentino salió vencedor de la presentación por decisión unánime. Inclusive en la derrota, la performance del colombiano fue dignísima, a punto tal que su rival lo catalogó como “su sucesor”.

Después de los interrogantes planteados por sobre la continuidad de Escopeta en el negocio del boxeo, llegó la revancha con Rocky .

La consigna no mutó. Mientras Rodrigo Valdez intentó avanzar y logró conectar varias combinaciones, Carlos Monzón hizo uso de su viveza y frialdad para sumar puntos, además de ahorrar riesgos.

Una vez finalizados todos los rounds, con un frenesí de cuerpo completo, fue nuevamente Monzón quien se quedó con la victoria por la totalidad de las tarjetas, y pudo retirarse con la posesión de los cintos máximos.

Con la popularidad ganada, el nacido en San Javier decidió virar hacia otros horizontes y dedicarse de lleno al cine. Su pareja de aquel entonces, la reconocida actriz y conductora Susana Giménez , ayudó a que el pugilista tenga continuidad y oferta variada en dado ámbito.

Su figura trascendió a cualquiera de sus logros. Monzón está registrado por la mayoría de sus compatriotas, como el mejor boxeador argentino de los tiempos.

Carlos Roque Monzón cargó su vida de excesos y violencia. Su última compañera de vida tuvo un final tan trágico como anunciado. Alicia Muñiz, modelo uruguaya que convino en un viaje con el Gaucho de Hierro a finales de 1978.

Monzón ya no era peleador en activo. Diez años después, con un hijo y muchas salvajadas de por medio, en la madrugada del 14 de febrero de 1988,  Muñiz  yacía muerta en el patio de una casa de Mar Del Plata, en la que ambos vacacionaban junto al pequeño  Maximiliano .

Al de Santa Fe no le bastó con pegarle y estrangularla, sino que arrojó el cadáver de la modelo por el balcón de la habitación principal del caserón de La Florida marplatense.

Para encubrir el asesinato,  Carlos Monzón dijo que Alicia Muñiz  se había suicidado, que ella corrió y se arrojó por el balcón. Él, en su intento de disimular su acción, también se arrojó sobre ella para aparentar un accidente. Y lo hizo gritando para que llamaran una ambulancia.

Sin embargo, los análisis forenses dictaminaron que Muñiz  ya estaba muerta por estrangulación cuando fue arrojada del balcón. Y, además, había un testigo.

El mediatizado juicio contó con  Rafael Crisanto Báez , un cartonero que, como testigo, mutó en elemento clave de la causa. Al ser el único testigo presencial, su testimonio ató varios cabos sueltos y elevó este proceso al martillazo definitivo.

En  la crónica que el portal  Infobae  hizo del asesinato al cumplirse 30 años del asesinato perpetrado por Monzón , se relatan los dichos del testigo.

“Dijo que el boxeador tomó a  Muñiz  del cuello y luego, cuando ella se desmayó, la arrolló desde el balcón“ como una bolsa de papas ”. Agregó que el boxeador se cambió el pantalón que tenía puesto por uno de pijama y saltó desde el primer piso para caer junto al cuerpo de su mujer ya muerta ”.

El ex boxeador fue condenado a 11 años de prisión por homicidio simple, a consideración de que por entonces el Código Penal de la República Argentina no contemplaba la figura específica del femicidio. Carlos Monzón  entró en prisión por el asesinato de  Alicia Muñiz .

Pese a sus múltiples reyertas en las cárceles de Batán, Junín y Las Flores, sobre la última etapa de cumplimiento de su pena, obtuvo el goce de salidas restringidas para trabajar, ya que formaba pupilos de la Unión de Empleados Civiles.

Un domingo usó tal beneficio indebidamente, y se retiró del penal para comer un lechón y tomar unos vinos con algunos de sus amigos. Estaba obligado a retornar a la penitenciaría antes de las 20.

Esa tarde jugaba Colón, su amor futbolero, todavía en segunda división, pero con muchas probabilidades de volver a Primera. Por sintonizar ese cotejo en la radio mientras retornaba a Las Flores, dejó de existir en un accidente automovilístico en el paraje Los Cerrillos, de la Ruta Provincial 1 de Santa Fe, el 8 de enero de 1995.

A raíz de los hechos y por el nicho rentable, Pablo Bossi creó una serie biográfica sobre la vida del ídolo, tanto dentro como fuera del ring. Esta fue basada en “Monzón, secreto de sumario”, el libro de María Adelina Staiolo.

“Monzón” se estrenó el 17 de junio de 2019 a través de la pantalla de Space. La pieza constó de una temporada, dividida en 13 capítulos de entre 40 y 49 minutos cada uno.

Actualmente, la misma puede ser encontrada en Netflix. Según se anunció a fines de 2020, la teleaudiencia argentina podrá disfrutarla en Telefe durante 2021.

10. Juan Martín “Látigo” Coggi contra Frankie Randall

Juan Martín Coggi fue una gran pieza para el boxeo argentino, y quedó grabado para siempre en la historia deportiva de su país.

Juan Coggi contaba con una capacidad de ataque única, y una zurda insoportable para sus contrarios. En negativo a esas virtudes, también padecía la permeabilidad de su defensa y la flaqueza de su mandíbula.

Con determinación, valor y agallas, Coggi brindó espectáculos memorables en todos y cada uno de los cuadriláteros donde trabajó. Su concentración y estrategia también fueron claves propias que le ayudaron a consagrarse como campeón mundial en tres oportunidades diferentes.

Transcurría 1994, y al de Fighiera le llegó otra parada complicada: Era tiempo de exponer su preciado cetro ante Frankie Randall.

El MGM Grand de Las Vegas albergó el combate, así como lo hizo con otros eventos resonantes, de los que fue parte el boxeo argentino.

La actuación de Látigo fue aceptable, pero no suficiente como para retener su título de la Asociación Mundial de Boxeo. Randall le ganó, y con todas las de la ley.

Ya sin su reinado entre manos, Juan Martín Coggi le ganó a Idelmar José Paisán y a Hiroyuki Sakamoto en 1995. Dados los resultados y su competitividad, obtuvo para 1996 su revancha con Frankie Randall.

El recinto para la segunda guerra de una posterior trilogía, fue el Jai Alai Fronton de Miami. Aquella misma se fechó para el 13 de enero de 1996.

6500 almas presenciaron lo que terminó por ser la venganza de Juan Coggi, por sobre la figura de Randall, campeón regular de la categoría.

Para el primer round, Coggi pareció derribar a su rival con un cruzado al hígado, pero el árbitro consideró la acción como un simple resbalón.

Comenzado el quinto asalto, con dominio parcial del argentino ante varios ataques del defensor, llegó la acción que le dio final al pleito.

Ante el choque entre un zurdo y un diestro, se sabe que el riesgo de cabezazos no intencionales es elevado. Eso fue lo que sucedió. Con el ataque de Coggi y el temor a quedar relegado, Randall buscó una arremetida y cabeceó brutalmente al retador.

Látigo se mareó de camino a su esquina, y cayó sentado a la lona. Pérdida del conocimiento, nauseas y problemas respiratorios fueron las consecuencias de tal desafortunado gesto fuera del reglamento.

Tal como lo indican las leyes de la AMB, el árbitro debió apelar a las tarjetas parciales para darle cierre y resultado a la contienda, vía decisión técnica. Los puntajes favorecieron a Látigo Coggi por unanimidad, en un claro 39-38 y un doble 38-37, en potencia del flamante nuevo monarca.

También en 1996, pero el 16 de agosto, se completó el triplete entre Juan Martín Coggi y Frankie Randall, en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester, Buenos Aires.

El estadounidense sobrepasó al argentino por decisión unánime, y la polémica no se hizo esperar.

“Randall nunca peleó limpio. Siempre tuvo ‘nafta súper”, no sé si me entendés…”, remarcó en septiembre de 2020 Juan Coggi, en una entrevista con el Canal de la Ciudad. “Cuando vino a pelear acá en Argentina, tenía puesto todo lo que era ‘ina’: efedrina, cocaína, todo lo tenía puesto”.

“Como el tema lo manejaba Don King, se llevó la prueba a Estados Unidos”, aclaró Látigo. “Es el único caso en el mundo que un doping primero da positivo, y después negativo. En Argentina, nadie me protegió. Dejaron que se lleven los análisis a Las Vegas, y allá lo hizo otro médico”.

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