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Los dos grandes perdedores: Manny Pacquiao y el aficionado al boxeo

Manny Pacquiao

La pelea de boxeo entre Manny Pacquiao y Errol Spence, que estaba agendada para el 21 de agosto próximo, quedó cancelada luego de que Spence no pasara un chequeo médico.

El estadounidense tendrá que pasar por el quirófano lo antes posible, y será el cubano Yordenis Ugás quien tenga que subir al ring contra Pacquiao, en remplazo de Spence.

La noticia fue un baño de agua helada para los aficionados al boxeo, que estaban ya a menos de dos semanas de la pelea. Y en esta historia, hay dos grandes perdedores.

El gran perdedor es Manny Pacquiao

El viejo guerrero de 42 años no tenía ninguna necesidad. Lo ha ganado todo, lo ha vivido y sufrido todo. Nada en el mundo le es ajeno. Tiene un promisorio futuro político en su país, y es objeto de una idolatría nacional que lo podría llevar a convertirse en próximo presidente de Filipinas.

Manny Pacquiao no tenía necesidad de pasar por esto. De someterse otra vez a un régimen de entrenamiento. A correr por las mañanas, a forzar las abdominales, a hacer sparring, a volver al gimnasio.

Un 8 de diciembre de 2012, viajó de un solo golpe al mundo de la inconsciencia. En las semanas siguientes, todo mundo hurgó en los videos de cualquier declaración de Manny para buscar los estragos de aquel puño que le propinó Juan Manuel Márquez. Salieron a la luz médicos sedientos de atención a decir que en Pacquiao veían precuelas de Parkinson.

Entre tanta mentira se asomaba algo de verdad: Manny Pacquiao no necesitaba jugarse más la vida en un ring de boxeo. Lo había ganado todo, y nos regaló las hazañas más impensables e improbables. Ya está: no nos debía nada.

Pero él si se debía algo más a sí mismo: se debía una noche más de gloria y épica. Rechazó una pelea con Mikey García, porque quería una última noche en lo más alto. Quería una pelea con el mejor.

Negoció y firmó una pelea con Terence Crawford, pero se cayó cuando un magnate del Medio Oriente retiró la oferta de financiar la sede de la pelea.

Manny Pacquiao, entonces, miró hacia el otro lado, hacia el otro gran welter del boxeo: Errol Spence. Negoció, firmó y cerró una pelea. Se preparó como nunca. Pero la pelea se cayó 12 días antes de subir al ring.

Yordenis Ugás no es Errol Spence. La noche que Manny Pacquiao había soñado y preparado para su último tango en el boxeo ha quedado algo deslavada. Ugás, con todo el talento que pueda tener un medallista olímpico y un peleador innegablemente capaz, no es la corona por la cual un rey quiere poner en riesgo su imperio.

Ese choque de civilizaciones era el de Pacquiao contra Spence. El viejo guerrero de 42 años se preparó, entrenó y vistió para salir a una arena en la que ya no hay un imperio en juego. Su última batalla ya no es como él la soñó. Ahora tendrá que planearla para que sea la penúltima batalla, y volver a pasar por todo lo que ya pasó.

El otro gran perdedor es el aficionado

Lo que el aficionado al boxeo ha tenido que soportar en este 2021 quedó algo alejado al panorama optimista que se anticipaba cuando el boxeo volvió a la actividad después del primer pico del Covid 19. Si bien el boxeo se reanudó con gran inercia, poco a poco perdió el momento.

El boxeo necesitaba de definiciones. Se necesitaba definir cosas en los pesados, en los welter, en los súper medios, en los súper ligeros, en los ligeros, en los súper welter. Y solo los súper ligeros pudieron entregarnos a un campeón indiscutible en la figura de Josh Taylor.

En los súper welter, un juez delirante nos privó de la satisfacción de ver a un solo peleador alzarse con los cuatro cinturones al puntuar una tarjeta de otra pelea y de otra noche. Así, el encuentro entre Jermell Charlo y Brian Castaño terminó en empate; nosotros, nos quedamos sin un campeón indiscutible; y el boxeo, nuevamente, sin definiciones.

En los pesados, una larga negociación entre Tyson Fury y Anthony Joshua llegó un acuerdo para poner en juego los cuatro cinturones de la máxima categoría. Un acuerdo que duró lo que dura un pestañeo. Un proceso legal logró frustrar ese plan, y ordenó que Fury debía pelear por tercera vez contra Deontay Wilder. Pero Fury contrajo coronavirus, y la tercera pelea con Wilder se postergó. Y con ello, arrastró en el tiempo tiempo a la esperada definición entre Joshua y Fury. Nuevamente, el boxeo se quedó sin definiciones; y el aficionado, sin lo que le corresponde.

Y así, en los ligeros, los cuatro príncipes siguen negados a pelear entre ellos. Vimos a Teófimo López entrar al estrellato con una victoria sobre Lomachenko el 17 de octubre de 2020. Lo vimos esa vez, y no lo hemos vuelto a ver. Desacuerdos con Top Rank, coronavirus, y el desinterés por ir a pelear a Australia, muy probablemente, nos haya privado durante un año completo de ver a Teófimo López.

En las 168 libras, el brío con el que el Canelo empezó a barrer la división hizo que peleara tres veces en seis meses, y conquistara tres cinturones en el camino. Pero luego, para reunir la última pieza del rompecabezas super mediano, alargó innecesariamente una negociación con el equipo de Caleb Plant que terminó por torpedear la fecha de septiembre. Y no sabemos hasta cuándo tengamos esa definición en los súper medianos.

En los welter, Terence Crawford y Errol Spence se enfrascaron en un duelo de necedades. El duelo, como es natural cuando se trata de necedades, sigue sin encontrar un ganador. Spence miró hacia otro lado y se encontró a un Manny Pacquiao dispuesto a pelear.

A los aficionados, se les encendió el alma. Ver al guerrero legendario poniéndose la armadura para salir a batirse por una última vez fue la receta perfecta para atizar una narrativa heroica. No hubo alguien que se quedara sin frotarse las manos.

La pelea de Manny Pacquiao contra Errol Spence era un jugoso premio de consolación para aquellos aficionados al boxeo que ansiaban definiciones en los welter. Pero también lo era para aquellos aficionados casuales que no pueden nombrar a tres welter, pero que pueden nombrar a Manny Pacquiao.

Y ahora, tampoco tenemos eso. Como dicta el cliché, el destino nos jugó una cruel jugarreta. A 12 días de la pelea, en un chequeo de rutina, a Errol Spence le encontraron una lesión peligrosa en la retina del ojo y requiere cirugía.

La pelea se cayó. Y ahora, es el aficionado el que también requiere cirugía: una para remendar un corazón que ha quedado roto.

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