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El inicio de la leyenda, los primeros rivales de Carlos Monzón

Para ser un gran campeón hay que enfrentar a los mejores y Carlos Monzón, fiel a su temperamento, no fue en contra de esta ley. Ganó el título mundial y lo defendió catorce veces ante  los boxeadores extranjeros del momento, pero también se coronó rey entre los más aguerridos luchadores argentinos. Durante los 70 conocimos a un Monzón internacional, con su gloria y sus títulos, pero los 60 fueron los que bautizaron a fuego la carrera de un recién iniciado peleador.

En Argentina, el clima político estaba teñido por luchas ideológicas en las que militares no paraban de reprimir salvajemente a grupos revolucionarios, un gobierno con escasa legitimidad democrática como el de Illia era sucedido por la intervención militar de Onganía, el Cordobazo era un reflejo de lo convulsionado que estaba el clima mundial, se prohibían usos y costumbres “provocadoras” como el pelo largo y la minifalda,  surgían movimientos progresistas como el “hipismo” o “La teoría de la liberación”, pero eran secundados por mano dura de la policía. 

En el ambiente deportivo, el Luna Park entraba en auge y era comandado por Tito Lectoure. Las veladas boxísticas eran la vedette de la noche y boxeadores como Accavallo y Bonavena, las estrellas. Por el subsuelo, comenzaba a dar sus primeros pasos quien sería el más grande boxeador argentino: Carlos Monzón.

Debutó en 1963 frente a Ramón Montenegro en Rafaela con un nocaut en el segundo asalto y no paró de dejar rivales al costado del camino hasta coronarse campeón mundial. Pero no todo fueron lores, también hubo caídas. Se dice del oriundo de Santa Fe que fue “un campeón invicto” pero esta frase encarna en su interior una trampa, la misma no dice que Monzón nunca haya perdido, sino que nunca perdió como campeón.

Se cuentan tres traspiés de este guerrero insoslayable. El primero, cuando apenas tenía 8 peleas, por decisión, frente a un hueso duro de roer: Antonio Aguilar. Nacido en La Plata, hizo cuatro peleas contra Monzón y cosechó una marca de 79-18-11 con apenas 15 nocauts a favor. Se dice de él que fue un ágil boxeador, que caminaba muy bien el ring y daba gusto enfrentarlo pero que no acusaba poder de pegada y eso le jugaba en contra. Monzón venía de ganar sus sietes primeras peleas por nocaut, de tener una sin decisión y se encontró contra uno de los más experimentados contrincantes argentinos. En las siguientes tres peleas, la balanza se inclinó hacia el nacido en Santa Fe.

La segunda derrota se dio lejos de su tierra natal, frente a Felipe Cambeiro, un púgil español radicado en Brasil, el 25 de junio de 1964. Con una marca de 41-16-4 y 19 nocauts a favor en su historial definitivo, el de San Pablo supo imponerse en ocho asaltos a un Monzón que, según dicen, no estaba con un físico óptimo y no tenía a Amilcar Brusa a su lado. La revancha con el argentino llegó un año más tarde y este logró imponerse.

El 9 de noviembre de 1964 cae por última vez. Fue ante Alberto Massi, nacido en Concarán, provincia de San Luis pero radicado en Río Cuarto. La velada fue en Córdoba y las tarjetas en su contra. Massi nos cuenta que “si te podía arrancar la cabeza, si te podía pegar cuando te descuidabas, te pegaba, no sí, un hijo de puta era, te metía los codos, para colmo era un tipo hábil, no era tan en lo hábil, él dominaba la altura, él te peleaba así y así (movimiento de izquierda/ derecha) y cuando te hacía así (movimiento de jab) son 20 centímetros” además “machucaba con la izquierda, para colmo pegaba fuerte como la puta madre” y confiesa “con el Carlos te digo una sola vez salí con un ojo morado”. Cuatro veces se vieron las caras y las tres restantes fueron para el campeón.

Después Monzón no agregó derrotas. Se enfrentó a los mejores de su época, arriesgó su quijada como nadie, no escatimó ni especuló un segundo. Era otra la historia, para ser el mejor había que ganarle a todos.

Tal es así que registró combates contra Andrés Antonio Selpa, recordado por sus disputas con Lausse, por sus monadas en el ring y su actividad literaria. El de bragado marcó 131 victorias, 51 derrotas y 30 empates y dentro de ello, dos peleas con el campeón. La primera fue un empate, en Mar del Plata y la segunda, victoria para Monzón en diez asaltos. Fue campeón argentino en la década del 50 y, a pesar de ser semipesado, se midió contra muchos medianos.

Contra Manoel Severino tuvo tres combates. El brasilero le disputó el título dos veces en Brasil y una en el Luna Park. Las dos primeras llegaron a un embate y en la tercera, en Argentina, Monzón logró noquearlo para no dejar dudas de su superioridad. La trayectoria de Severino es muy recordada en Brasil y cuenta con una marca de 23-16-9 con 8 nocauts en su haber.

A Jorge Fernández, Monzón le arrebató los títulos argentino y sudamericano. El primero, el 3 de septiembre del 66, en el Luna Park. Monzón registraba 50 peleas y Fernández algunas más, 121. La pelea fue pareja, Fernández cayó en el cuarto asalto y Monzón, según algunas crónicas de la época, no salió a buscar la pelea, lo que hizo del fallo en favor del santafesino algo cuestionable. La segunda pelea llegó el 10 de julio del año siguiente, esta vez por título sudamericano. La contienda no fue tan pareja y Monzón se anotó un triunfo contundente en doce asaltos. Fernández, de una trayectoria intachable, peleó contra varias generaciones y conquistó una marca de 117-10-3 con 84 nocauts a su favor, un record que pocos ostentan. En su carrera, se dio el lujo de enfrentar a Griffth, Moyer entre otros.

Otro con los que disputó cuatro contiendas fue Carlos Alberto Salinas. Monzón se anotó 3 victorias y 1 embate, 1 por puntos y 2 por nocaut. Salinas fue un luchador difícil que supo ganarse el puesto entre los mejores. Muchas peleas fueron en el extranjero ya que tomó como lugar de residencia a Los Ángeles, California. Su marca fue de 33-27-9.

A Celedonio Lima lo enfrentó dos veces, ambas en Buenos Aires, la primera en el 64 y la segunda un año después. El oriundo de Buenos Aires logró sacar un empate y, a raíz de ello, se ganó una revancha en la que perdió contra el futuro campeón. Su marca fue de 19-3-6.

Emilio Alé Alí, “El Dinamitero del Abasto”, consiguió tres peleas con Monzón y ganó un empate en la primera. A las otras dos las perdió, una en las tarjetas y a la otra por la vía rápida. Su marca fue de 63- 22-16 con 52 nocauts. Un guerrero duro que supo sortear Monzón pero al que no le pudo ganar Ahumada y que se disputó en el cuadrilátero con Federico Thompson.

Estos y muchos otros se vieron en el ring con Carlos Monzón. Otros nombres que por la época circularon fueron los de Ángel Coria, Alberto Rotondo, Ramón Rocha, Tito Marshall, Benito Sánchez, Osvaldo Marino y muchos más. Cada uno no sólo ensanchó la marca de Monzón sino que además lo hicieron el boxeador tenaz que aplastó a los más grandes del mundo.

Pero estos púgiles no sólo son recordados por dar pelear contra Monzón, sino por librar batallas encarnizadas entre ellos. Tal es así que Cambeiro enfrentó a Selpa, Retondo, Aguilar, Severino; Massi a Aguilar, Selpa, Mattos, Marino, Salinas, Chirino; Además Selpa se apuntó contra Aguilar y Retondo, Severino agregó a Mattos, Celedonio Lima a Aguilar y Marino a Alé Alí, Salinas y Aguilar.

Fue una época en la que en Argentina salían boxeadores a montones y sobresalir entre ellos era difícil. La ley general era pelear contra todos. Ese fue el mayor éxito de Monzón, lo que lo hizo ser un boxeador de exportación. La calidad de sus adversarios nacionales vive en cada anónimo golpe renacido en la vitalidad de un campeón que reinará para rato en la memoria colectiva.

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