in

Luis Ángel Firpo vs Dempsey: El boxeador argentino que cautivó a Los Simpson, a Cortázar y que paralizó un continente

Luis Ángel Firpo vs Jack Dempsey: El boxeador argentino que cautivó a Los Simpson, a Cortázar y paralizó un continente

El argentino Luis Ángel Firpo protagonizó en 1923, contra el campeón mundial pesado Jack Dempsey, la pelea que inauguró al boxeo como un ingrediente fundamental de la cultura popular latinoamericana. Fue el combate de un argentino en Nueva York, que resonó en todo un continente, para toda una era.

La entrega, la fuerza, el aguante y el entorno abrumador en carácter de mito, transformaron al primer boxeador argentino licenciado en una leyenda latinoamericana. Firpo dejó su sello, en esferas más allá del boxeo, gracias a esa noche en que disputó el título del mundo ante Jack Dempsey, mientras 85.000 espectadores presenciaban el hito.

Su imagen, su actitud y el impulso propuesto por sus fortalezas e impulsado por el público, llevaron al Toro de Junín a todo el mundo. Sonreía, hablaba con la Z, era amable y hasta declaraba con cierta timidez, con la bondad de quien supo lo que es hacerse desde abajo. Fueron 31 victorias, 26 antes del límite, y cuatro derrotas, que sin embargo, no nos sirven para dimensionar a ciencia cierta la inmensa figura de un boxeador que nunca llegó a ser campeón del mundo..

Firpo, y su hazaña con Dempsey

El 14 de septiembre de 1923, Argentina se puso de pie por primera vez en cuanto a un evento pugilístico, cuando Firpo se enfrentó a Dempsey en el Polo Grounds de Nueva York.

El New York Times resumió en su crónica, y en unas cuantas palabras, las razones por las que pelea se quedó cincelada en la memora.

“En la más corta y fiera batalla peleada entre pesos pesados, Jack Dempsey noqueó a Luis Firpo en el Polo Grounds. Pero ningún campeón había estado en más peligro en la historia”, empezaba la crónica del Times.

Y es que, hacia el final del primer round, llegó el momento que quedaría inmortalizado en la historia. El juninense, que había sido derribado siete veces en el round, alcanzó al Torturador de Manassa en el centro del ring y lo lastimó. A golpes, lo llevó contra las cuerdas y, con una secuencia de poderosas manos derechas, sacó al campeón del cuadrilátero.

Dempsey cayó sobre un fotógrafo, y alcanzó a golpearse la cabeza con la máquina de escribir de un periodista, lo que le produjo un corte en la nuca. El mito indica que la cuenta llegó a 17 pero, a ciencia cierta, eso nunca pudo ser confirmado, ni siquiera con la película del match.

Lo que sí se puede es observar la ayuda que Dempsey recibe de los periodistas en ringside para volver al ring, algo fuera del reglamento. La descalificación hubiera sido precisa ante dicho auxilio.

Incluso, el árbitro Jack Gallagher separó las cuerdas reglamentarias, para que el estadounidense volviera al combate sin mayor dificulta, en una actitud sorprendentemente antirreglamentaria. Gallagher puso fin a su vida en un hotel neoyorkino, donde se suicidó.

El argentino Toro de las Pampas, era el primer latinoamericano que disputaba un título mundial en la categoría de los pesados, y cerca estuvo en ese momento de ganarlo.

Dempsey, el gran campeón, se recuperó. Derribó a Firpo dos veces más hasta terminar por noquearlo en el segundo asalto.

“(Firpo) es duro y es el más duro pegador que he enfrentado”, dijo Dempsey sobre Firpo al final del combate. “Era la primera vez que me derribaban desde que me convertí en campeón y nunca lo olvidaré. Vi ocho millones de estrellas cuando recibí ese golpe en la mandíbula que me sacó del ring. Ni siquiera podía recordar que me había sacado del ring hasta que llegué a mi esquina en el descanso. Pensé que me había noqueado”.

La histórica pintura de George Bellows sobre la pelea

Jack Dempsey era uno de los más famosos deportistas en Estados Unidos, y verlo vulnerable, sacado a golpes del ring, fue una conmoción. El instante quedaría grabado en la cultura popular.

Quizás la mayor prueba de ellos es la pintura que realizó el estadounidense George Bellows, un óleo sobre tela, realizado entre 1923 y 1924. En la imagen se ve a Firpo de frente. Acababa de asestar una mano izquierda a Dempsey que cae lentamente entre las sogas hacia afuera del ring, donde ya lo esperan los periodistas en ringside. Incluso, el mismo Bellows se pintó a sí mismo entre quienes están en la primera fila.

La pintura, titulada “Dempsey y Firpo” o “Dempsey Entre las Cuerdas” se convirtió en la más famosa obra de Bellows, y está hoy en la colección del Whitney Museum of Art.

El artista comenzó la obra solo unas semanas después de la pelea, y murió poco más de un año después de terminar la pintura.

En un texto que escribió Alan Barra para la revista The Atlantic, explica que el pintor fue para las artes visuales lo que Ring Lardner fue para el periodismo.

“Tienes todos los detalles y un recuento vívido de la acción que es el centro de la narrativa. puedes oler el sudor, y el humo de cigarro, y sentir el calor que desprende la multitud presente”, explica Barra.

En 2008, la casa Christies subastó una litografía original de la pintura, con los autógrafos de Dempsey y Firpo. La pieza terminó vendiéndose en 61,000 dólares.

Litografía de George Bellows sobre la pelea de Firpo y Dempsey
Litografía de George Bellows sobre la pelea de Firpo y Dempsey

La referencia a Firpo y Dempsey en Los Simpson

La pintura de Bellows, sobre el derribo de Firpo a Dempsey, encontraría también su lugar en otro ícono de la cultura popular moderna, Los Simpson. En el episodio 3 de la temporada 8, convencen a Homero de que tiene una condición médica que le impide ser noqueado, y lo invitan a probar suerte como boxeador profesional, bajo las órdenes de su amigo Moe Szyslak.

Para este capítulo, el padre de la familia amarilla se transformó en ídolo de sus vecinos, con algunos nocauts a deportistas locales.

Matt Groening, creador de la serie, decidió homenajear a Luis Firpo con una representación de su derechazo más recordado, con el que casi dejó a Depsey fuera de combate. A golpes, Homero saca a su rival del ring, y la escena se detiene en el momento justo en que queda como la pintura de George Bellows.

Esa esa la prueba inequívoca de que algo ha quedado impregnado en la cultura popular.

El equipo de fútbol salvadoreño que lleva el nombre de Luis Ángel Firpo

Fue tal el revuelo que generó Firpo en 1923, cuando sacó del ring a Dempsey, que los homenajes también tuvieron lugar en otras disciplinas y en otras latitudes, distantes y ajenas a los hechos..

Entre el fragor del marketing y las posibilidades de crecimiento, un club de fútbol de El Salvador decidió refundarse bajo el nombre de Club Deportivo Luis Ángel Firpo.

Originalmente, el equipo fue bautizado como Tecún Umán, pero todo cambió con la pelea entre Firpo y Dempsey. El equipo comenzó a llamarse Luis Ángel Firpo, adoptó un toro en el logotipo en honor al Toro de Las Pampas, y empezó a vestirse de azul y rojo, como San Lorenzo, el equipo del que Firpo era hincha.

Incluso, el boxeador viajó a El Salvador en 1951 para visitar al equipo. Al llegar al aeropuerto fue recibido por una multitud, mostrando el reconocimiento y respeto de los aficionados. Aprovechando su estadía, hizo donaciones de pelotas, vallas, conos y otros elementos para mejorar las instalaciones del club.

“¡Ahí viene el Firpo, ahí viene el Firpo!”, grita siempre su hinchada para entonar el himno característico. “¡Hoy vibran los estadios en todo El Salvador, porque se acerca Firpo, el equipo ganador!”.

 

Firpo, Dempsey, y la verdad suplantando a la ilusión, según Julio Cortázar

En su libro La Vuelta al Día en 80 Mundos, Julio Cortázar, argentino y uno de los más grandes escritores latinoamericanos de la historia, realizó una crónica de cómo vivieron en su casa, en 1923, el histórico duelo entre su compatriota, Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey.

En 1923 los argentinos escuchamos la transmisión casi directa desde el Polo Grounds de Nueva York, el relato del combate en que Jack Dempsey retuvo el campeonato mundial de peso pesado al poner fuera de combate a Luis Ángel Firpo en el segundo round. Yo tenía nueve años, vivía en el pueblo de Banfield, y mi familia era la única del barrio que lucía una radio, caracterizada por una antena exterior realmente inmensa, cuyo cable remataba en un receptor del tamaño de una cajita de cigarros pero en el que sobresalían brillantemente la piedra de galena y mi tío, encargado de ponerse los auriculares para sintonizar con gran trabajo la emisora bonaerense que retransmitía la pelea.

Buena parte del vecindario se había instalado en el patio, con visible azoramiento de mi madre, y el patriotismo y la cerveza se aliaban como siempre en esos casos para vaticinar el aplastante triunfo de aquel que los yanquis habían llamado El Toro Salvaje de las Pampas, y que era sobre todo salvaje. Yo entonces no podía comprenderlo, pero esa noche en el Polo Grounds se enfrentaron el más grande de los campeones que haya dado el peso máximo con una especie de pared de ladrillos dotada de un lento movimiento hacia adelante que hasta ese momento había barrido con todos sus contendientes.

La pared de ladrillos empezó haciendo algo increíble: despidió a Dempsey por entre las cuerdas, lo tiró sobre las máquinas de escribir de los reporteros (sí, joven amigo, en ese entonces se llevaban las maquinitas al ring side), y si no hubiera ocurrido que el árbitro era yanqui y además perdió la cabeza, en ese mismo momento Firpo hubiera sido campeón del mundo, pues el marqués de Queensberry, papá de Bosie Douglas, tenía bien establecido que un boxeador defenestrado ha de volver por cuenta propia al ring, y en cambio treinta manos levantaron a Dempsey, que estaba “groggy’, y lo devolvieron cariñosamente a la lona, donde la campanilla lo salvó porque esa noche el buen Dios estaba con la star splangled banner por donde se lo mirara.

Con arreglo a lo que aprendí diez años después leyendo crónicas y comparando valores, la Argentina podía haber estado más que satisfecha con ese primer round, porque a Dempsey jamás nadie le había puesto la mano encima en esa forma; pero ya he hablado de patriotismo y de cerveza, y demás está decir el pandemonio que se había armado en el patio de mi casa con las informaciones espasmódicas que mi tío recibía por las orejas y estertoraba por la boca.

Sí, Firpo tuvo su hora inmortal de tres minutos y además reglamentariamente ganó la pelea, pero con esa manía que tiene la verdad de suplántar a la ilusión, en los otros tres minutos Dempsey demostró hasta qué punto era capaz de resistir el doble efecto de un uppercut seguido de un 
viaje de ida y vuelta al ring side, y empezó a demoler la pared de ladrillos hasta no dejar más que un montoncito en el suelo junto con quince millones de argentinos retorciéndose en diversas posturas y pidiendo entre otras cosas la ruptura de relaciones, la declaración de guerra y el incendio de la embajada de los Estados Unidos. Fue nuestra noche triste; yo, con mis nueve años, lloré abrazado a mi tío y a varios vecinos ultrajados en su fibra patria.

El día que Luis Ángel Firpo paralizó a Argentina

Para 1923, la televisión era un lujo que estaba aún muy lejos de verse por primera vez en tierras argentinas. La emblemática lluvia de golpes, como bien describió Cortázar, se vivió por la radio. Los vecinos de cada cuadra se agolparon en una misma casa, la que tuviera el aparato, para ser parte de la historia.

Copiosas muchedumbres acecharon a todas y cada una de las cantinas del país, con intenciones de escuchar e imaginar, buscando entender de qué se trataba esta disciplina que en la Argentina estaba fuera de la ley nacional.

El llanto de quienes no soportaban la magnificencia del logro, la ansiedad de aquellos que necesitaban festejar, y el apoyo incondicional de quienes lo conocían a Firpo, incluso desde que era un jovencito recién llegado a la Capital, que trabajaba en una fábrica de ladrillos refractarios.

Las voces llegaron a todo el país gracias a la antena de Transradio Internacional de Villa Elisa, Entre Ríos. En tanto, las repetidoras que ayudaron a propalar el evento fueron Radio Sudamérica y Radio Cultura.

La transmisión en Argentina se cortó cuando Firpo boleó a su rival fuera del ring, lo que generó nervios, gritos y ansiedad ante el drama que se estaba registrando en el otro extremo del continente. Se avecinaba algo escandaloso, para bien o para mal. Firpo podía ser rey o lacayo, Robin Hood o víctima de un robo, al menos por lo que se entendía hasta ese momento.

Finalmente, con la reanudación del relato radial, Dempsey resultó ser el vencedor y retuvo su título, algo que molestó entre los seguidores, pero no empañó la escalada del primer héroe popular boxístico.

Quienes no tenían acceso a un aparato de radio, miraban hacia el Palacio Barolo en avenida de Mayo, en Buenos Aires, a la espera de la ansiada señal. El faro, en lo más alto del edificio, informaría con su haz quien había resultado ganador en Nueva York: luz roja, si ganaba Dempsey; verde, si ganaba Firpo.

Y de pronto, el faro pintó verde. Erróneamente, dio ganador a Firpo. Los sombreros argentinos volaron por lo alto. Hasta que, como apuntó Cortázar, la verdad suplantó a la ilusión. Pocos minutos después se corrigió el resultado, y la euforia se convirtió en decepción.

La actuación de Luis Ángel Firpo no alcanzó para el título, pero sí para el reconocimiento popular eterno. De ahí en más, la historia deportiva argentina se aferró al boxeo, y contó con grandes campeones mundiales.

El faro de Palacio Barolo, desde donde se anunció erróneamente al ganador de la pelea entre Firpo vs Dempsey en 1923
El faro de Palacio Barolo, desde donde se anunció erróneamente al ganador de la pelea entre Firpo vs Dempsey en 1923

Firpo, y el mayor de sus errores

De los pecados capitales, el que más representaba a Luis Ángel Firpo era la avaricia. Sus bolsillos parecían lacrados cada vez que debía perder o ganar menos dinero.

Según enuncia la leyenda, Luis Firpo regateó el precio de la filmar su pelea ante Jack Dempsey, porque le pareció exorbitante la suma de 200 dólares. Y de su tacañería derivó su peor equivocación.

El exitoso publicista y promotor Jimmy DeForest, era quien acomodaba los números del Toro Salvaje en cuanto a auspiciantes, apuestas y otros pequeños kioskos. Como iba a corresponderle el 10 por ciento de las ganancias del cruce con Dempsey, Firpo decidió no contratarlo para su velada de oro. El hombre clave en la trayectoria del golpeador de Junín dentro del boxeo en Estados Unidos, fue descartado por un mísero porcentaje. Para la reunión de lectura de reglamentos, el presidente de la comisión controladora aclaró que no aceptaría ningún reclamo de partes, una vez finalizado el pleito.

Así, Firpo se quedó indefenso para pode reclamar la ilegalidad de la forma en que Dempsey volvió al ring ayudado por los periodistas en ese instante histórico. No tuvo el apoyo de DeForest, quien se habría encargado de apelar la ilegalidad.

DeForest señaló en conferencia de prensa cuál hubiera sido su accionar ante el escandaloso derribo de Dempsey.

“Ante la indecisión del árbitro y al retornar Dempsey al ring, luego de ser reanimado por gente que estaba al costado de las sogas, no le habría permitido seguir a Firpo“, explicó el exitoso mánager a los periodistas que lo buscaron incansablemente. “Pasados los 10 segundos, sin la cuenta reglamentaria que debía declarar la derrota de Jack (Dempsey), me llevaba a Firpo a los vestuarios y el lunes, a primera hora, pedía una entrevista para reclamar la corona”.

Finalmente, la frutilla del postre la puso William Muldoon, la máxima autoridad del ente regulador del choque, quien explicó que el fruto hubiera sido otro, de haber existido el reclamo de Firpo y DeForest.

“Sin dudas, hubiera hecho lugar al reclamo de Firpo, que hubiese ganado la pelea”, afirmó con honestidad Muldoon, ante los voraces reporteros. “Nadie podía imaginar lo que pasó. Cuando dije lo que dije, me refería a reclamos comunes, por diferencias de menor nivel. Esto fue muy evidente”.

El momento en que Luis Ángel Firpo saca a Dempsey del ring
El momento en que Luis Ángel Firpo saca a Dempsey del ring

La legalización del boxeo en Argentina

Para comenzar su carrera profesional, Luis Ángel Firpo debió cruzar a pie las frías rutas de la Cordillera de Los Andes. Como el boxeo estaba prohibido en Argentina, Chile fue su primer lugar de entrenamiento.

En Uruguay, Cuba, México y Estados Unidos, los fanáticos también tuvieron el privilegio de ver en directo al Toro de Las Pampas. Muchos, pero no en su tierra natal.

El gobierno argentino de esos tiempos, encabezado por Marcelo Torcuato de Alvear, decidió darle curso legal al pugilismo para 1924, en consideración de la trascendencia que tuvo el duelo de Luis Ángel Firpo con Jack Dempsey, aún con la derrota del aspirante al título.

Además, no es un detalle menor el dinero que movía, movió, mueve y moverá el negocio del box.

El 3 de febrero de 1924, a Firpo se le otorgó la licencia número 1 como boxeador profesional, por ser el primer argentino en pelear por una corona mundial y por haber protagonizado semejante pelea.

Y cada 14 de septiembre, como el día que Firpo peleó con Dempsey, en Argentina se celebra el Día del Boxeador.

En el Cementerio de La Recoleta está el mausoleo de Luis Ángel Firpo, fallecido en 1960
En el Cementerio de La Recoleta está el mausoleo de Luis Ángel Firpo, fallecido en 1960

Ya hay negociaciones para pelea entre Golovkin y Jaime Munguía

Ya hay negociaciones para pelea entre Golovkin y Jaime Munguía

Los 5 mejores Libra por Libra del boxeo, según Julio César Chávez

Los 5 mejores Libra por Libra del boxeo, según Julio César Chávez