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La otra batalla de Manny Pacquiao: Contra Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, por las elecciones

La otra batalla de Manny Pacquiao: Contra Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, por las elecciones

Tras una dolorosa derrota contra Yordenis Ugás, ahora Manny Pacquiao enfrenta una batalla, quizás más dura, peligrosa y significativa: se enfrenta electoralmente al actual presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, en su sueño de gobernar su país.

Todo se empezó a desmoronar la noche del 21 de agosto por un inesperado rival y desertor cubano que le dio una lección clínica con contragolpeo desde la guardia zurda.

Yordenis Ugás, el nuevo campeón mundial de la cuestionada AMB, y naciente figura de la división peso welter reclamó su lugar en la historia. Y lo hizo poniendo al borde del retiro a una versión competitiva del PacMan, pero degradada al final.

Ugás (27-5-0, 12 KO’s), de 35 años de edad, podría no hacer nada el resto de su carrera y quedar inmortalizado por este hito venciendo al mejor peleador del Siglo XXI.

El cubano demostró que no era un hombre ordinario. Y al igual que su rival, el enfrentar opresión en su país natal contra una tiranía lo convirtió en una persona resiliente, sensible a las causas de resistencia social por las libertades de su pueblo.

Su victoria guarda un simbolismo particular con la insurrección popular del #SOSCuba, derivado de lo que sus integrantes consideran es una gestión criminal de la pandemia en la isla, con un presidente débil en la persona de Miguel Díaz-Canel, quien vive a la sombra de los Castro.

Ugás alentó la esperanza de un cambio en Cuba, incluso si sólo fue por un instante. Pero al mismo tiempo expuso ante los ojos del público y la mente de Pacquiao una realidad.

Manny Pacquiao, el político

Pacquiao, de 42 años, al igual que Ali, cargó sobre sus hombros el peso del deporte a nivel global durante las últimas dos décadas.

A diferencia de ‘The Greatest’, él nunca destacó desde la agenda de la acción civil y como defensor de los derechos humanos. Manny se concentró más en causas humanitarias populares, no controversiales.

La lucha de Manny Pacquiao pasa del ring a la política en Filipinas con el sueño de convertirse en presidente. Primero, como diputado local del ala socialdemócrata (2010-2016); y desde 2016, como senador conservador. Aquí hay que agregar su breve periodo como líder nacional del Partido Democrático Filipino-Laban (PDF, centro-izquierda).

Para sus ‘kababayans’ (compatriotas) una caída de Pacquiao en el ring siempre será dolorosa. Pero quizá en este momento, sea uno de los menores problemas para la nación isleña en el Pacífico profundo.

Se trata de una nación pobre, asolada por una guerra oficial contra el crimen organizado, la corrupción y el manejo desordenado de la pandemia, con un brote reciente explosivo de casos Covid-19 vinculados a la variante Delta.

Al frente está Rodrigo Duterte, el presidente populista-nacionalista que busca extender su mandato un periodo más colocando a su hija Sara Duterte en la candidatura oficial y a él mismo como vicepresidente en la fórmula de la poderosa alianza Facción Para el Cambio, creada por su probable sucesora.

En medio queda Pacquiao, su antiguo aliado político a quien quitó de la dirigencia del PDF hace un par de meses. Esto, debido a que el ocho veces campeón mundial, en un intento por crear una plataforma electoral y ganar simpatías, se empezó a separar de su plataforma ante la proximidad de los comicios presidenciales en 2022.

Los obstáculos de Pacquiao rumbo a la presidencia

Pacquiao asumió el cargo de presidente del PDP-Laban bajo una condición interina en el año 2020. Fue el mismo año en el cual decidió no pelear citando razones de control sanitario sobre la pandemia en Estados Unidos y Filipinas.

A principios de 2021 una grieta interna dentro del partido se abrió cuando Pacquiao criticó la política de Duterte con respecto a la disputa del Mar Meridional de China. Manny señaló que la respuesta contra las afirmaciones de China de su reclamo en el área era deficiente.

Duterte, también presidente del PDP-Laban, respondió las críticas de Pacquiao y se ofendió por una declaración del senador de que su administración era más corrupta que sus predecesores. Por si fuera poco, al mismo tiempo Pacquiao también entró en conflicto con el vicepresidente del PPD-Laban, Alfonso Cusi.

Derivado de esto, el 17 de julio de 2021, en medio de la división, en una reunión a la que asistió Duterte, Cusi fue elegido como líder único del partido.

Con Pacquiao fuera del partido, ahora Duterte controla este organismo. Y con ello, domina la carrera por la presidencia de Filipinas usando al boxeador como un foco de atención para ganar adeptos y mermar la amplia popularidad del legislador/boxeador entre el electorado.

La estrategia parece rendirle frutos. A nueve meses de la elección, su hija, Sara Duterte, encabeza las preferencias con 28%, según las cifras de agencias encuestadoras.

Pacquiao quedó fuera de la visibilidad que le daba aparecer al lado de un hombre tan populista como Duterte, y ahora, expulsado prácticamente del partido oficial, se encuentra en un distante sexto lugar entre los principales aspirantes punteros para convertirse en presidente de Filipinas.

Hasta el último corte analizado (junio 2021), Pacquiao marcaba apenas un 8% de las preferencias para convertirse en presidente de Filipinas. Esto es, tres puntos menos que en el corte anterior de marzo.

Con estos dos traspiés, la derrota contra Ugás y su caída como líder del PDP-Labam ¿será el fin de Pacquiao como boxeador y como político?

Nada que probar

Hay numerosas señales que indican si un boxeador ya no es el peleador solía ser en el ring.

Lo más común es ver una degradación de los reflejos, que se manifiesta de dos maneras: simplemente, recibir más golpes y no acertar tantos.

Otro revelador son las piernas y pies que no se mueven tan fácilmente como un boxeador alguna vez lo hacía.

Estas señales fueron obvias en Pacquiao durante su derrota ante Ugás en la Arena T-Mobile, de Las Vegas, Nevada. Sólo acertó el 16% de todos sus golpes, mientras que el económico Ugás en cambió le conectó el 59% de sus golpes de poder. Ambos porcentajes fueron los peores para Pacquiao en una pelea analizada por CompuBox.

Pero quizás la advertencia más llamativa era la mirada de horror perpetuo en el rostro de su esposa, Jinkee Pacquiao, en la primera fila del ringside. Desde su asiento parecía saber casi inmediatamente lo que su marido seguramente llegó a darse cuenta en el ring: que el PacMan ya no existe.

Pero eso no hará que para Pacquiao sea más fácil alejarse de la ciencia dulce, que lo definió desde los 16 años. Anunciar su retiro, y apegarse a él, es la parte más difícil de la odisea boxística para casi todos los peleadores.

Matt Christie, el editor en jefe de la centenaria revista Boxing News, señaló en su más reciente editorial.

“No dudes ni un segundo cuán verdaderamente insoportable es admitir que ya no puedes hacer lo que te gusta hacer; esa única cosa que solía ocurrir tan naturalmente, se fue. Nunca volverá. No para que compita al nivel al que está acostumbrado.Eso puede causar estragos con la psique de los boxeadores”. 

En este sentido, y tomando en cuenta las condiciones, donde Ugás fue designado como reemplazo de Errol Spence a diez días del combate, su mente podría jugarle una serie de malas pasadas. Podría engañarlo para que crea que el cambio tardío de oponente. Eso, junto con su inactividad de 25 meses, fueron las verdaderas razones por las que tuvo tan mal rendimiento.

“Las palabras no pueden expresar lo orgulloso que estoy del hombre que eres”, publicó Jinkee en Instagram la noche del pasado 21 de agosto, en el vestidor tras la derrota contra el cubano.

“Estoy orgullosa de ser tu esposa. Tú significas el mundo para mí y para todos nuestros hijos. Te amamos tanto, mucho. Nosotros, su familia, hemos visto cuánto has trabajado, sacrificado y dado de ti mismo, sudor, sangre y lágrimas desde el principio cuando soñaste convertirse en campeón del mundo”.

Con esa expresión, Pacquiao ha llegado a la cúspide de su carrera.

Logró lo que realmente importa en la vida: trascender.

Ojalá que mantenga la cabeza en alto, no le queda nada por probar.

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