Mantequilla Nápoles y el triste final del cubano que México abrazó como uno de los suyos
in

Mantequilla Nápoles y el triste final del cubano que México abrazó como uno de los suyos

México fue, es y será cuna de grandes boxeadores, sin embargo México también ha dado cobijo a peleadores nacidos fuera del territorio, pero que de alguna manera se han hermanado al país, y José Ángel “Mantequilla” Nápoles, es uno de ellos.

Julio César Chávez, Salvador Sánchez, Rubén Olivares y tantos otros peleadores nacidos en México que se pueden enumerar casi de manera interminable. Pero, curiosamente, son varios los púgiles que comenzaron su existencia en otras tierras y se envolvieron en la bandera mexicana. Por ejemplo: Óscar de la Hoya y Andy Ruiz, ambos nacidos en Estados Unidos, tienen lazos familiares que los aferran a sus raíces mexicanas.

Algo distinto es el caso de José “Mantequilla” Nápoles, el cubano que fue adoptado y abrazado por una de las naciones que más le aportó al arte de los puños.

Nacido en Santiago de Cuba, el 17 de abril de 1940, José Ángel “Mantequilla” Nápoles fue un apasionado del deporte que desde pequeño se destacó en múltiples disciplinas. Sin embargo, siempre supo, desde lo más recóndito de su ser, que sus manos le permitirían caminar por la vereda de los grandes. Más de 475 peleas en el plano amateur le dieron el nombre que buscaba, mientras dejaba perplejo a quienes lo veían sobre el ring.

En cuanto comenzó su carrera profesional, Fidel Castro se hizo con el poder en Cuba y prohibió la práctica del boxeo. Fue así que Mantequilla Nápoles emigró a México a los 21 años. Tenía un récord de 18 triunfos en 18 contiendas, a principios de 1962. Ahí fue pupilo de Cuco Conde y Kid Rapidez.

Sintió, desde el mismo instante en el que puso un pie en aquel país, que jamás tendría que volver a Cuba. Aunque, seguramente, nunca imaginó que se convertiría no sólo en campeón mundial, sino en ídolo nacional. Ningún fanático le obsequió más que un pequeño plazo fijo de confianza, al que Mantequilla pagaría con intereses gigantescos.

Su apodo fue el mito dentro de la leyenda. Una versión cuenta que lo llaman Mantequilla por la forma en la que los ataques rivales parecían resbalar sobre su humanidad. Otra, evaluada como la menos precisa, refiere al color manteca que adquiría su piel cuando transpiraba. Pero los que formaron parte de su círculo íntimo, explican que su apodo real era Minino, por sus movimientos entre cuerdas. A quien apodaban el Mantecas, realmente, era a su hermano mayor. Y es que un presentador en un festival aficionado de su pueblo natal lo confundió, pero el mote se le grabó a fuego.

En su peso natural, fue de los mejores. Sus batallas icónicas ante monstruos de la talla de Curtis Cokes, a quién le arrebató los cinturones del CMB y de la AMB en 1969. O Billy Backus, uno de los contrincantes mejor dotados a nivel técnico con los que midió fuerzas, emocionaron hasta las lágrimas a los espectadores. En dos reinados en la división de los welter, Nápoles acumuló 13 defensas exitosas del título.

En su accidentada incursión dos divisiones arriba, de welter a mediano, padeció una derrota que nunca digirió, con el santafecino Carlos Monzón. Fue una pelea que le sirvió de inspiración a Julio Cortázar para cranear “La Noche de Mantequilla”. Fue nocaut en el sexto round para el argentino, que lo había convencido de subir unos kilos para ir a por su cetro. Nápoles tomó como excusa algunos golpes ilegales de Monzón con los que le habría perjudicado la visión tras introducir sus pulgares en los ojos del cubano.

Su fascinación por el alcohol y su desmedido gusto por las fiestas, colaboraron con el desorden y el declive de este excelso púgil en la recta final de su vida deportiva, pero no opacaron la figura de su reinado, plagado de proezas. El placer que le generaba apostar en el hipódromo, era directamente proporcional a sus desastres económicos por los que perdió demasiados bienes, como automóviles y propiedades.

Mantequilla Nápoles
Mantequilla Nápoles

Los golpes recibidos también atentaron contra su salud, deteriorada, cascoteada, demolida y plagada de enfermedades como el mal de Parkinson, diabetes, enfisema pulmonar, y una cruel demencia senil. Estas afecciones también generaron pérdidas monetarias para financiar los tratamientos pertinentes, por lo que José Nápoles se ahogó en la adversidad, con carencias, con poco dinero, sin casi nada, a excepción de un apoyo por parte del Consejo Mundial de Boxeo, que le alcanzaba para sobrevivir.

Después de atravesar décadas de martirio, el 19 de agosto de 2019, un infarto puso punto final al sufrimiento de los últimos años de José Ángel Nápoles a los 79 años. Triste ocaso para quien cosechó 81 victorias, 54 por la vía rápida, y 7 pérdidas, 4 antes del límite, en su trayectoria rentada.

Su cuerpo, como en las grandes noches de boxeo, fue recibido con una ovación por sus familiares más cercanos cuando llegó a la funeraria en la Ciudad de México. Era el homenaje último, para un peleador de leyenda. Mantequilla Nápoles es miembro del Salón Internacional de la Fama del Boxeo desde 1990. Uno de los 23 mexicanos que han sido inmortalizados en el recinto. Uno de los peleadores al que México quiso como uno de los suyos.

Haz click aquí para leer el resto de la nota

 

El mal consejo de Vitali Klitschko por el que su hermano perdió frente a Anthony Joshua

El mal consejo de Vitali Klitschko por el que su hermano perdió frente a Anthony Joshua

Errol Spence reveló los detalles del choque en su Ferrari; Debí haber muerto en ese accidente

Errol Spence reveló los detalles del choque en su Ferrari; “Debí haber muerto en ese accidente”