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Maravilla Martínez, y por qué el título de organismo poco reconocido es el más importante para él

Maravilla Martínez, y por qué considera que el título de un organismo poco reconocido es el más importante de los que ganó

Sergio “Maravilla” Martínez considera que el primer título que ganó, el de la IBO, es el más importante cinturón de todos los que tiene en su vitrina. Pese a ser un organismo poco reconocido, por la situación de pobreza y carencias en las que se encontraba, atesora dicho cetro más que otros.

Para obtener campeonatos mundiales, el primer triunfo de Maravilla debió ser frente a una crudísima realidad. Sus inicios en la actividad no fueron fáciles, así como también le costó mantener una relativa continuidad. Pero, casi inesperadamente, un campeonato llegó a su vida para darle el mensaje que necesitaba: merecía cosas grandes.

El título mundial más valorado por Maravilla

Aún en su etapa como boxeador profesional, el quilmeño lidió con penurias profundas, hasta que el quiebre llegó. Para la prensa y el común del público, el campeonato mundial de la Organización Internacional de Boxeo (IBO) no adquiere suma relevancia. Es un organismo de chocolate, pero Sergio “Maravilla” Martínez, que ganó ese título el 21 de junio de 2003, sí la tuvo. Para él, era el mundo.

“Hay un título que, para mí, es el más importante de todos los que pude haber ganado. Y es un título que no está tan reconocido, el de la IBO“, dijo Maravilla en entrevista para Super Deportivo. “Yo lo gané en 2003, y 15 días antes no te podría qué era lo que estaría haciendo. Yo estaba haciendo fila en Cáritas para pedir una bolsita con comida. El 12 de junio me llamaron para el combate, el día 4 de junio me habían cortado la luz, el 5 de mayo me habían cortado el agua. Estaba jodido”.

En ese momento, Maravilla Martínez vivía en España. Se había marchado de Argentina en el 2001, en medio de una brutal crisis económica para el país, pero también para intentar reconstruir su carrera y su vida, luego de una traumática derrota contra Antonio Margarito en el 2000.

Era instructor de boxeo, y trabajaba también como seguridad en un bar. Había peleado en mayo, y tenía una lesión en la mano. Le llamaron para notificarle que en nueve días, pelearía contra Richard Williams en Manchester, en disputa del campeonato mundial súper welter de la IBO.

“Tenía una lesión en mi mano izquierda. Llevaba un mes de hacer solamente pesas”, explicó Sergio Martínez en Animales Sueltos, allá por 2012. “No hacía boxeo, porque tenía la mano lastimada. Hablé con un chico del gimnasio, y le dije que en ocho días peleaba por un título mundial, y no tenía resto físico, aire, fuerza, flexibilidad ni nada. Me dio unas proteínas, para ponerme fuerte, machacarme y ganar aire”.

A marchas forzadas, Sergio preparó su cita con el destino. Fueron nueve días, que hizo rendir como si fueran tres meses.

“Fue un shock, un cambio, un punto de inflexión en mi vida. Llegué a mi casa, me puse a escribir qué hacer día por día”, recuerda Maravilla. “El miércoles siguiente entrené a las cinco de la tarde, a las nueve de la noche, y a la una de la madrugada. Estaba como loco, lo necesitaba. Al otro día, entrené a las ocho de la mañana, y me fui a hacer todos mis trabajos. Me entrenaba como un salvaje”.

La pelea sería en Manchester, Inglaterra, y hasta allá fue Maravilla Martínez, sin conocer al rival, a buscar coronarse con el título de un organismo no reconocido.

“Viajé el domingo a Londres”, recuerda. “Me tuvieron todo un día para hacerme las revisaciones médicas. Tenía que viajar a Manchester. No tenía ni idea de quién era mi rival (Richard Williams), no sabía nada, pero ya estaba en el baile”.

La pelea no fue facil para Sergio Martínez.

“No me importaba la ciudad, si llovía, si dormía en el suelo o en una cama. Iba a ganar”, sentenció Maravilla. “Me pusieron muchas trabas. No me daban gimnasio, no me decían dónde ir a correr. Me dieron un gimnasio de pesas, no era de boxeo. Fue todo muy precario, pero estuvo de puta madre. El estadio estaba lleno. En el primer round, me tocó la frente y me hizo una marca que me duró dos meses. No encontraba mi distancia, no me sentía cómodo, me dolía cuando me pegaba. Me rompió todo, tenía huesos fracturados por todos lados. Es la verdad”.

Entre todo lo vivido esa noche, Sergio “Maravilla” Martínez recuerda hasta el día de hoy el protector bucal que utilizó para medirse por primera vez con Richard Williams por el título de aquel organismo.

“Hoy en día, tengo un protector bucal de 250 dólares. Ese día, tenía un protector bucal de tres euros. Era como ponerte una herradura en la boca. Cuando terminó la pelea, sangraba muchísimo por la boca. Estaba feliz por haber ganado, pero me tuvieron que hacer más de 200 puntos (de sutura) en la boca, por los golpes que me dio y porque el bucal me cortaba de una forma tremenda”, enfatizó Sergio Martínez.

“En el tercer round, me fui al suelo. Mi padre llegó ese día a Inglaterra. Hacía tres días, no tenía pasaporte, dinero, ni idea de nada. Mi padre llegó a Manchester, y vi la luz”, contó el nacido en Avellaneda. “Caí, y me paré. No sabía dónde estaba. Miré a la izquierda, porque sabía que mi padre estaba ahí, y me dio vergüenza. Sobreviví a ese round, y a partir de ahí gané la pelea”.

“Recuerdo haberle dicho a Williams: ‘Ahora te mato’. En el cuarto round, comencé a boxear a mí distancia y dejó de verme, de tocarme, de golpearme… En el séptimo, me quebró dos costillas con un gancho. Me senté, y sentí que se me clavaba algo dentro. Estaba jodido, me quedaba la pelea entera. A sobrevivir, a moverme en mi distancia y a machacarlo. Terminó el último asalto agonizando. No le di una gota de aire”, expresó el boxeador.

“Ganar esa pelea fue lo más increíble. Imposible de describir. Te puedo decir cómo me sentí, pero te miento. Esto superó todo. Cuando fui con Paul Williams ya era un hombre, con un equipazo alrededor mío. Ese día estaba solo, contra todos ahí, ¡Solo!”, dijo Martínez, con un nudo en la garganta, cargado de emoción.

Y así, Maravilla Martínez se coronó campeón mundial con un título de un organismo de chocolate. Para él, por la situación precaria que vivía, representó un antes y un después en su vida.

Las carencias de Sergio Martínez en su infancia

Nada fue fácil para Sergio “Maravilla” Martínez, ni siquiera en sus primeros años de vida. Ni que hablar del comienzo de su carrera.

Nacer y crecer a mediados de la década del 70 en Argentina, no era fácil. Más aún si el seno familiar del contexto estaba integrado por trabajadores de la clase obrera.

La madre de Sergio Martínez, además de una gran administradora, era ama de casa y limpiaba hogares para ganar más dinero.

“Siempre tuvimos una muy linda familia”, enunció Susana Paniagua, madre del púgil, para un informe de Telefe Noticias. “Mi hijos, muy buenos chicos. Iban al colegio, pero a la secundaria no han podido ir, por nuestra situación económica. Tratamos de educarlos lo mejor posible, y a los tres por igual”.

“Sus hermanos, después del fútbol, se volcaron al boxeo. Sergio siguió tal cual. Fue al gimnasio de uno de mis hermanos, y le dijo que quería estar en forma para rendir en su club. Al segundo día, le pusieron los guantes. No se los sacó más. Tenía unos 18 años”, señaló la señora Paniagua. “Lo apoyé siempre, pero me dolía mucho. Me descomponía cuando él se iba a hacer sus primeras peleas, quedaba de cama”.

Por su parte, el padre de Martínez dedicó su vida a la herrería, y siempre contó con la ayuda de sus hijos para darle fuerza a su oficio.

“Yo tenía un taller de herrería. Hacía montajes de tinglados, galpones y todas esas cosas. Mis tres chicos trabajaban conmigo. Trabajábamos juntos”, narró Hugo Martínez. “Empecé a hablar con amigos. Uno que tenía una venta de hierros, compramos unas maderas y fabricamos un ring con tribunas. Le organizamos unos 20 combates a Sergio. Si queríamos que llegue a campeón del mundo… Ya volábamos alto”.

Diego Armando Maradona, una distracción esencial para la dura economía de la familia Martínez

Con motivo de la muerte de Diego Maradona, Sergio Martínez le dedicó unas emocionantes palabras en las que pintó a la perfección lo que el astro del fútbol significó durante su niñez y juventud.

Pleno de sinceridad y con una representación casi tangible del relato, Martínez plasmó sus sentimientos en un posteo de Instagram.

Eternamente gracias. Por la gloria deportiva pero, sobre todo, porque nos hiciste sentir felices a todos por igual. Eso para mí, es suficiente. Leyendo algunos comentarios me siento conmovido por tanta crudeza e irracionalidad.

Quien critica, blasfema, quien se olvidó o nunca vivió siquiera ‘algo’ de lo que Diego dio en la cancha, en el campo de futbol, simplemente no entendió que Maradona fue capaz de traspasar toda barrera deportiva y aquí diré ‘mi porqué’:

Porque Diego fue capaz de ‘ayudar’ a mi madre a que olvidáramos nuestra pobreza, nuestra carencia, nuestra falta de plato en la mesa. Eso hizo Diego. Nos hizo olvidar cuan pobres éramos.

Yo, soy agradecido. Mi madre, estoy seguro mucho más.

Ella más, mucho más de una vez, no tuvo un plato de comida para ponernos en la mesa.Y ahí estaba Diego, para que olvidáramos eso que nos faltaba.

Para que sonriéramos orgullosos, teniéndolo envuelto en la celeste y blanca.

Nuestro Diego. El del pueblo.

El que vivió un millón de veces, un millón de vidas. El que destruyó, una por una, esas tantas vidas que le fueron concedidas.

Diego Armando Maradona. Gracias por todo Diego.

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