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¿Quién es quién en la historia del boxeo argentino?: El mejor boxeador de cada década

¿Quién es quién en la historia del boxeo argentino?: El mejor boxeador de cada década

La historia del boxeo argentino se puede contar desde su mejor boxeador de cada década, comenzando con Luis Ángel Firpo, pasando por Carlos Monzón y llegando hasta su máxima figura del momento, Brian Castaño.

Grandes promesas, medallistas olímpicos, campeones mundiales, y hasta récords vigentes al día de la fecha componen la rica historia pugilística de un país. La atracción y el fervor del público, junto con la explosión de varias figuras, colocó al box entre las grandes pasiones nacionales.

Quizás no corran los mejores tiempos para el arte de los puños en Argentina, y puede que la nostalgia sea el sentimiento que mantiene en vilo a los fanáticos. Aún así, no son pocos los prospectos ni los deportistas con gran presente que nacieron bien al sur de América Latina.

Los 20: Luis Ángel Firpo, el primero

Luis Ángel Firpo es, sin lugar a dudas, el padre del boxeo argentino. Si bien no pudo comenzar su carrera formalmente en su país natal y tuvo que emigrar hacia otros horizontes, fue el primero de su nacionalidad que logró obtener su debida licencia para ejercer profesionalmente.

Firpo debutó en 1917 y mantuvo una carrera aceptable, bajo un estilo regular para aquellos años. Golpeador, no muy veloz, valiente y hasta violento, algo que atraía muchísimo a los espectadores que elegían destinar tiempo de sus noches a verlo sobre un cuadrilátero.

boxeadores argentinos.
Luis Ángel Firpo, padre del boxeo argentino.

El Toro se movió por Uruguay, Chile, Cuba y México, hasta que tuvo permitido presentarse en su país. Antes, para marcar el hito, probó suerte en Estados Unidos, y no le fue para nada mal. Tuvo su chance dorada por el campeonato mundial pesado ante Jack Dempsey, con una actuación para el recuerdo.

La contienda, albergada en el Polo Grounds de Nueva York el 14 de septiembre de 1923, tuvo pasajes increíbles. Tal cruce cautivó a Los Simpsons, inspiró a Julio Cortázar, tiene su obra de arte, y logró que el nacido en Junín inspirara un club de fútbol con su nombre en El Salvador.

Con fiereza, el bonaerense logró asestar una combinación precisa, que sacó del ring a su oponente y ahí se produjo el quiebre del evento. Dempsey debió ser descalificado, por recibir la ayuda de los periodistas que estaban en el ringside para ponerse de pie y continuar en duelo.

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Luis Firpo tiró a Jack Dempsey del ring.

Para ahorrarse un buen par de dólares, Firpo dejó a su representante fuera de la decisión, por lo que se encontraba solo contra el corrupto hábitat del boxeo. Con un reclamo simple en la justicia, bastaba para que el sureño tenga su triunfo y se convierta en campeón, pero eso no sucedió.

“Ante la indecisión del árbitro y al retornar Dempsey al ring, luego de ser reanimado por gente que estaba al costado, no le habría permitido seguir a Firpo“, explicó Jimmy DeForest, quien fue mánager del nacido en Junín, una vez concretado el resultado adverso.

Probablemente, Luis Ángel Firpo nunca estará en la lista para encontrar al mejor boxeador argentino de la historia. Sin embargo, su influencia histórica resonó como un padre fundador de la identidad boxística, no solo argentina, sino latinoamericana.

Los 30: Alberto Santiago Lovell, el emblemático medallista olímpico

Alberto Santiago Lovell fue quien inició la tradición a fuerza de puños en su tradicional familia de boxeadores argentinos. Nació en Dock Sud, Buenos Aires, el 23 de abril de 1912. Se formó como boxeador en Boca Juniors, y tuvo una popularidad considerable.

Como mayor logro, este deportista bonaerense obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1932, con 20 años. De buen porte y con sobrada potencia, Alberto Lovell se desempeñó como boxeador de peso pesado. Técnico y potente, hizo historia en el amateurismo.

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Alberto Lovell en El Gráfico.

Luego de transformarse en profesional, se retiró luego de perder por nocaut ante el histórico Archie Moore, en el emblemático Luna Park. Sumó 76 triunfos, 55 por la vía rápida, ocho reveses y tres paridades.

Murió el 17 de marzo de 1966, en su país natal. Contaba con jóvenes, pero desmejorados, 53 años de edad. Es recordado en la Federación Argentina de Boxeo, al igual que todos sus parientes orientados hacia su misma actividad predilecta.

Los 40: José María Gatica, el más politizado

José María Gatica, el gran campeón del pueblo argentino, cumpliría hoy 96 años de vida. Su boxeo fue espectáculo, su existencia se marcó cual leyenda y su historia es digna de ser contada.

El Mono Gatica nació en Villa de Mercedes, San Luis, el 25 de mayo de 1925. Para tal fecha, Argentina celebraba el aniversario 115 de la creación de su primer Gobierno Patrio.

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José María “Mono” Gatica, posa ante cámara.

Pasada su atractiva etapa amateur, a Gatica le llegó su gran chance en el profesionalismo boxístico. No cualquiera se sube al ring del Luna Park a hacer su primera contienda rentada y, como si fuera poca cosa, gana por nocaut. Dado hito se marcó el 7 de diciembre de 1945.

El primer oponente del Mono, de muy poca exigencia, fue Leopoldo Mayorano. Al momento de tal riña, Mayorano llevaba un récord negativo compuesto por 10 derrotas. Finalizó su trayectoria sin victorias, con 17 reveses y un único empate.

Cuando le tocó despedirse del boxeo rentado, el puntano cerró consigo el histórico número de 86 ganadas, 72 por la vía rápida, siete perdidas y dos empates.

Esta leyenda murió atropellado por un colectivo de la línea 295, cuando intentó emprender su vuelta desde el ahora denominado Libertadores de América, Estadio de Independiente, hasta su casilla. Tenía 38 años. Sus restos fueron velados en la Federación Argentina de Boxeo.

Los 50: Eduardo Lausse, el número 1 que brilló por su técnica

Con su técnica pulida y la velocidad que lo caracterizaba, Eduardo Jorge Lausse hizo todo para llegar a la cima de su categoría. No está mal decir que lo logró, pese a que no pudo quedarse con el sumo galardón.

Lausse fue uno de los célebres trabajadores ordenados por Alfredo y Celestino Porzio, una mítica dupla de entrenadores que animaban con sus pupilos la actividad del Luna Park.

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Eduardo Lausse en acción.

Allá por 1952 tuvo su primer choque ante el ex campeón mundial Gerardo González, mejor conocido como Kid GavilánEl Zurdo perdió, pero tuvo su triunfal revancha en 1955.

El oriundo de Lomas del Mirador también se impuso a Gene Fullmer, quien después se consagró como campeón mundial mediano, pero jamás le concedió a Eduardo Lausse la posibilidad de buscar el campeonato.

Con 75 reyertas ganadas, 63 por nocaut (por eso también lo apodaron “Knockout“), 10 derrotas y dos empates, el bonaerense se destacó como uno de los campeones sin corona más vistosos.

Los 60: Pascual Pérez, el primer campeón mundial argentino

Pascual Nicolás Pérez nació en Tupungato, Mendoza, Argentina, la fría mañana del 4 de mayo de 1926. Fue el menor de nueve hermanos, en el seno de una familia de recolectores de la vid.

Cuando Pascual Pérez emprendió el sueño olímpico, el boxeo argentino pisaba suelo firme. Sin embargo, su aventura no estuvo ajena a la controversia. Y es que Pascual fue descalificado antes siquiera de sostener su primera pelea en Londres 48 por excederse del límite del peso mosca.

Ante la sorpresa de Pérez, los supervisores se dieron cuenta del error: estaban confundiendo a Pascual con su compañero Arnoldo Parés, que peleaba en peso gallo. En la final, por la medalla de oro, derrotó al italiano Spartaco Bandinelli, para coronarse campeón olímpico y ser admirado por todos los boxeadores argentinos.

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Pascual Pérez posa junto a su trofeo olímpico.

Tras la gloria olímpica, incursionó en el profesionalismo, donde se coronó campeón mundial mosca el 26 de noviembre de 1954. Como lo hizo en Londres, Pascualito ganó de visitante. Viajó hasta Japón para vencer a Yoshio Shirai por decisión unánime al término de 15 arduos asaltos.

Anteriormente, Shirai y Pérez habían empatado en el Luna Park de Buenos Aires. Defendió el título nueve veces antes de perderlo en 1960. Pequeño gran golpeador, Pascual Pérez amasó un porcentaje de nocaut de 62 por ciento.

El récord establecido por Pascual Nicolás Pérez, de ganar oro olímpico y ser campeón mundial como profesional, continúa imbatible. Solo se le pudo acercar Pablo Chacón, quien se hizo con el bronce en Atlanta 1996, y luego se coronó campeón mundial pluma de la OMB en 2001.

Los 70: Carlos Monzón, el más emblemático

Si alguien suma Argentina y boxeo, el primer resultado siempre será Carlos Roque Monzón. Considerado, casi por unanimidad como el mejor boxeador argentino de la historia. Existen ecuaciones a las que cualquier seguidor de esta apasionante disciplina se adecúa, casi por decantación. Sin embargo, un asesinato es la sombra que oscurece el legado de este boxeador.

Carlos Monzón es la representación perfecta del ídolo argentino: soberbio, desordenado, maleducado, pobre, mujeriego, vicioso. Pero, además, con esa pizca de lucidez que le permite deshacerse de la falta de profesionalismo casi cuando la primera campanada llega a sus oídos.

Por otro lado, a Escopeta también se le reconoce la sumatoria de alegrías que dio a sus fanáticos. Y lo hizo en una época en la que su pueblo encontraba en el deporte un respiro, un pequeño tramo de ripio entre tanto barro.

Carlos Monzón, en andas de su multitud.

Con unas pocas pertenencias en una bolsa de arpillera, el morocho arribó a Unión. Siendo fanático de Colón, se metió en el gimnasio de la contra. La cual la frialdad se hizo presente en su humanidad. Entendió que estar ahí no lo hacía menos Sabalero, sino que lo haría menos pobre.

Amílcar Brusa, respetuoso como ningún otro, lo recibió, y regó la charla entre ambos con toques de amabilidad. Dilucidó, mientras lo analizaba en acción, algo que nadie más había encontrado en el santafecino: su insistencia, su empuje y que voltearlo era una tarea titánica.

Ringo Bonavena siempre dijo que la experiencia es un peine que te llega cuando te quedás pelado. Sin embargo, Brusa lo obtuvo con el flequillo que le raspaba las cejas. Transformó un tarambana en un atleta y dos puños raquíticos en un par de bolas demoledoras.

No existía tope que se interponga en su carrera, y le llegó entonces la gran prueba: Nino Benvenuti, campeón mundial mediano en 1970, que le dio una chance por juzgarlo como un rival ignoto y se arrepintió durante el resto de su vida.

El argentino fue claro, pensante y preciso a la hora de contragolpear, por lo que le requisó el cinturón a su colega italiano con un tremendo nocaut. Lo midió con un jab de izquierda, y sacó su característico directo de derecha en cuanto su oponente quedó posicionado a su gusto.

Manejó las distancias con un magnífico juego de piernas a través de los 12 rounds que duró el espectáculo. Se consagró mundialmente, y no sólo se sentía invencible entre cuerdas. Los excesos de siempre retornaron a su vida, exagerados, y con ansias por tomar el control.

Con poder, con fama, todo se potencia. Lo bueno comienza a valer más, y lo malo también. Violento y alcohólico, generó episodios desagradables, propios de las peores bestias, con cualquiera de sus parejas.

Enormes pugilistas quedaron genuflexos a la potencia de sus ataques, como José “Mantequilla” NápolesEmile GriffithTom Bogs o Rodrigo Valdez. Esa fuerza también la usó contra muchos civiles. Todas sus parejas lo denunciaron por violencia, y asesinó a su última acompañante, la modelo uruguaya Alicia Muniz.

Los 80: Santos Laciar, el pequeño gigante

Santos “Falucho” Laciar es, quizás, el boxeador argentino menos valorado entre los campeones mundiales que tuvo su país. Es, hasta la fecha, el campeón mundial más joven reconocido por al Federación Argentina de Boxeo.

Además, Santos Laciar fue el primero en consagrarse en dos categorías diferentes, como lo hizo en mosca y supermosca. También se mantiene vigente como único deportista argentino que logró ganar el Olimpia de Oro durante tres años seguidos.

Por su perfil bajo, su bondad y don de gente, Laciar es apreciado por todos los seres humanos que alguna vez tuvieron contacto con él. El respeto que el ambiente deportivo mantiene por él, es motivo de admiración.

Criado en el campo, como Juan Domingo “Martillo” Roldán y otros tantos, Falucho se acostumbró desde pequeño a ayudar a sus padres en tareas típicas de esos lugares.

En su etapa de aficionado, realizó cerca de 80 presentaciones, con solamente dos derrotas, junto con un único empate. El mismo fue ante otra futura figura del arte de los puños, Sergio Víctor Palma.

Supo enfrentarse a muchos rivales, pero en su noche homenaje logró cumplir el sueño del mundo entero. Fue la envidia de cualquiera de los boxeadores argentinos. El 3 de abril de 1996, en Córdoba, ocurrió un hecho sin precedente alguno, coprotagonizado por el nacido en Huinca Renanco.

La pelea de exhibición se hizo para celebrar los 15 años de la primera coronación del cordobés, quien el 28 de marzo de 1981 había ganado el título mundial mosca de la AMB peleando en Sudáfrica ante el local Peter Mathebula.

Diego Armando Maradona fue, sin quererlo, la gran estrella de la noche. Como siempre, para no variar. Por esos años, era jugador de Boca Juniors. Para la pelea hubo pesaje, donde el 10 marcó 75.300 kgs., mientras que Laciar pesó 61.450 kgs.
El día que Maradona se subió al ring de boxeo para una pelea con Falucho Laciar
Diego Maradona disfrazado de boxeador.
Ya sobre el ring, Maradona intentó de todo. Por momentos se dio el gusto de desplazarse y tirar golpes como un auténtico peleador, cosa que también solía hacer en los entrenamientos de fútbol.
Diego Maradona y Santos Laciar.

Y al final, Maradona terminó el show con una verdadera clase de jueguitos, con una pelota nueva, en pleno ring de boxeo junto a Santos “Falucho” Laciar.

Los 90: Jorge Castro, el campeón que lo vivió todo

El argentino Jorge “Roña” Castro, también conocido como la Locomotora, brilló en la década de los 80 y 90 como un gran animador del boxeo argentino, con geniales espectáculos y un título mundial mediano en su poder.

Jorge Castro, dentro del cuadrilátero, su garra y estilo callejero lo forjaron como figura. Además, su simpatía y carisma lo ayudaron a ganarse un espacio en el corazón de los espectadores. Un récord monstruoso: 130 victorias, 90 antes del límite, 11 derrotas y tres empates.

Tuvo todo lo necesario para posicionarse como ídolo popular, y lo logró. También agigantó su figura por las locuras que hizo fuera de su carrera deportiva… O no tan fuera. Un personaje pintoresco, pícaro, del pueblo para el pueblo. De la mano del boxeo, el Roña lo vivió todo, o casi todo.

Jorge Fernando Castro era el favorito en su choque con John David Jackson, y llevaba las de ganar para revalidar su corona. El argentino tuvo frente a sí un hueso duro de roer, que le complicó bastante su presentación.

Jackson llegó invicto al duelo, y supo tener en apuros a su oponente. Una vez cerrado el octavo asalto, el retador dominaba ampliamente las tarjetas. Los cortes en los ojos del Roña, y la pérdida exagerada de sangre, hicieron que el réferi se planteara la duda sobre la continuidad del combate.

“Este chico no puede seguir”, le afirmó el árbitro Stanley Christodoulou al rincón del santacruceño. “Dele el round del campeón”, le rogó el segundo principal de Locomotora al encargado de impartir justicia. Y se lo concedieron.

En el noveno round, el último que el colegiado le otorgó al santacruceño, el estadounidense fue por él. El argentino, contra las cuerdas, recibió todo tipo de envíos del nacido en Denver sin ofrecer respuesta.

Roña Castro con los ojos cerrados somete a Jackson.

Castro aprovechaba cualquier contacto con Christodoulou para limpiarse la sangre de sus cortes en su camisa, que ya parecía trapo de carnicería. No se veía forma alguna de que el santacruceño pudiera revertir el combate.

Con un minuto en el reloj, una larga mano izquierda del estadounidense alcanzó el mentón del argentino, que acusó recibo. Las piernas se le contorsionaron y parecía noqueado de pie, y a tropezones se replegó hacia las cueras, hasta donde el oriundo de Colorado lo fue a buscar.

Jackson acudió convencido de que estaba a segundos de terminar al Roña Castro. Pero el argentino, canchero, pícaro y criollo, se fingió que estaba muerto. En cuanto Action intentó terminarlo, y su contrincante lo midió de reojo.

La escena se volvió épica. Todo el estadio en México estaba de pie, mientras Jorge Fernando Castro, con los ojos cerrados y tinto en sangre, levantaba su puño izquierdo: La Mano de Dios, que le dio uno de los nocauts más dramáticos en la historia del boxeo.

Los 2000: Omar Narváez, el infravalorado

Omar Narváez es uno de los más intachables campeones de la historia del boxeo argentino, aún sin el valor real que su carrera merece. Ejerce como profesional desde el año 2000, y lleva consigo un récord compuesto por 49 victorias, 25 antes del límite, cuatro derrotas y dos empates.

Nació en Trelew, el 7 de octubre de 1975. Cercano a cumplir sus 46 años, el Huracán tiene intenciones de soplar cada vez más fuerte. Si bien no combate desde que perdió con Pablo Gómez en 2019, nada impide creer que puede volver a ser campeón mundial.

La mencionada anteriormente, fue la primera ocasión en la que Narváez perdió una pelea en suelo argentino. Además, cayó ante Nonito Donaire en el Madison Square Garden de Nueva York, Naoya Inoue en Japón y Zolani Tete en Belfast. Rey total del peso mosca y supermosca.

Cuando el récord de Carlos Monzón parecía imposible de voltear, llegó este pequeño gigante para superar las 14 defensas exitosas del santafesino y estirar la poderosa marca a 16 reválidas triunfales. Como si esto fuese poco, es el latinoamericano con mayor cantidad de combates por título del mundo, con 31 presentaciones totales.

Como amateur, también supo participar de los Juegos Olímpicos celebrados en Atlanta (1996) y Sidney, amén de obtener medalla de bronce en el Mundial de Budapest de 1997 y de plata en el Mundial de Houston de 1999, y un oro en los Panamericanos de Winnipeg de 1999.

“El día que no tenga ganas de entrenar, me retiro”, confesó el chubutense, admirado por casi todos los boxeadores argentinos, en una entrevista reciente para ESPN. “Pero las ganas están intactas, así que como diría Durán, viejo es el Huracán y sigue soplando”.

Los números y logros de Narváez son indiscutibles. Sin embargo, su estilo poco espectacular, y el pelear en divisiones pequeñas, lo ha convertido en uno de los peleadores argentinos más infravalorados de la historia.

Omar Narváez, defendiendo su bandera.

Los 10: Sergio Martínez, el último gran campeón de los boxeadores argentinos

Sergio “Maravilla” Martínez es, probablemente, el pugilista más completo entre todos sus compatriotas, de principio a fin. Y no solamente dentro del ring, sino con todos aquellos detalles que componen el 100% de un boxeador profesional. Sin duda, el mejor boxeador argentino desde los años de Monzón.

De origen humilde y con una historia de superación que se prolonga hasta la fecha, Sergio Martínez logró cautivar al público argentino recién a una edad a la que muchos se sentirían acabados. Con un ímpetu de fierro y logros importantes ya conseguidos, fue a por la idolatría popular.

Martínez tiene varias cualidades boxísticas destacables. Fuerza en ambas manos, velocidad, inteligencia, buena defensa, resistencia, habilidad, certeza a la hora de conectar y cintura cuando hay que defender, por ejemplo.

Maravilla Martínez, el gran campeón.

Si bien obtuvo varios títulos mundiales y reconocimientos importantísimos, el que lo posicionó como ídolo y le dio el debido reconocimiento que le había sido negado, le llegó recién a sus 37 años. Este quilmeño hizo cosas impensadas para promocionarse, y su plan dio frutos.

El 15 de septiembre de 2012, Maravilla se enfrentó al destino. Amén de que su rival haya sido el, por entonces, respetado campeón Julio César Chávez Jr, la pelea que debía mantener era con su propia mente. Y ganó, con la firmeza que lo caracteriza.

No solamente se impuso al Hijo de la Leyenda, a quien casi dejó en ridículo, sino que toleró fracturas y otras lesiones que sufrió esa noche. Con sus golpes, enamoró a un país entero de un deporte que solamente miraban los nostálgicos, esos que habían disfrutado de tiempos mejores.

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Martínez castigó cruelmente a Chávez.

Fue uno de los últimos que generó una ilusión multitudinaria, que le dio una inyección laboral a gimnasios que estaban más cerca del cierre que de la reinauguración. Todos querían boxear, a punto tal que la pelota de fútbol quedó de costado, momentáneamente.

El quilmeño resignó su lugar en el Salón Internacional de la Fama, solamente para volver al profesionalismo e intentar consagrarse nuevamente como campeón mundial. Si bien reconoció estar cerca del retiro, no dejará de intentarlo hasta las últimas consecuencias.

Los 20: Brian Castaño, el único monarca actual del boxeo argentino

Brian Castaño es una de las grandes apariciones del boxeo argentino en las últimas décadas. Sin embargo, no está mal decir que no cumplió con algunas expectativas, al menos hasta ahora. Y eso, principalmente, se debe a que su progresión fue más lenta y accidentada de lo deseable.

Castaño se calzó por primera vez los guantes, días después de cumplir 11 años. Desde ese entonces, muchos entrenadores reconocieron habilidades privilegiadas en sus movimientos.

Rápido, fuerte, inteligente y bien abroquelado en defensa, El Boxi nació con el combo completo, y lo mejoró a base de trabajo duro. Y le trajo éxito, a punto tal que consiguió un récord de 181 triunfos, cinco derrotas y cinco empates como amateur.

Brian Castaño
Brian Castaño, junto a su padre y entrenador.

En dicho plano, venció a contrincantes como Errol Spence Jr, o Sergiy Derevyanchenko, con técnica y táctica propias de la primera línea de este deporte.

Todos estos detalles en perfecta proporción, con un sutil y mínimo toque mediático, inclinaron a que varios medios argentinos posicionen al bonaerense en un lugar de camino al estrellato.

Al día de hoy, ese sendero se estiró bastante, pese a los grandes espectáculos y al excelso récord profesional de Brian Carlos Castaño, compuesto por 17 victorias, 12 por nocaut, y dos empates.

No es poco destacar que Brian Castaño, actualmente, es el único campeón mundial reconocido por la Federación Argentina de Boxeo entre los boxeadores argentinos. Posee el cetro superwelter de la Organización Mundial de Boxeo, que le arrebató a Patrick Teixeira a principios de 2021.

Para su última presentación, El Boxi tuvo como objetivo destronar a Jermell Charlo, para convertirse en el primer latinoamericano en unificar la totalidad de los títulos de una misma categoría. Entre polémicas y por decisión dividida, el duelo finalizó en empate.

Pero de entre la controversia, Brian Castaño sale fortalecido con una enorme visibilidad, que lo ha puesto como el mejor boxeador argentino del momento.

La decisión final: empate entre Castaño y Charlo.
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