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Peregrinaje a Santiago Tianguistenco: Rocky García y el penúltimo rival de Salvador Sánchez

Peregrinaje a Santiago Tianguistenco: El viejo rival que rinde tributo a Salvador Sánchez

En el aniversario luctuoso 39 de Salvador Sánchez, se armó el revuelo en la explanada donde está la estatua del joven prodigio del boxeo en Santiago Tianguistenco.

Un señor de edad madura, pasando los sesenta años, se acercó a un pequeño grupo de familiares y amigos de Sal Sánchez ahí reunidos y se presentó. Manos gruesas, cejas finas, nariz chata, las señales inequívocas de quien ha pasado por un ring.

“¡Es Rocky García!”, exclamó alguien en el grupo. De pronto, todos estallaron en júbilo y se acercaron a conocerlo y saludarlo.

Cada 12 de agosto, cientos, y hasta miles de personas se reúnen en Santiago Tianguistenco para recordar el aniversario luctuoso de Salvador Sánchez. Esta vez, en 2021, y por segundo año consecutivo, la pandemia de Covid 19 ha reducido considerablemente el grupo ahí reunido. Ahora, unas 20 personas, comandado por los hermanos de Sal, y su sobrino Salvador.

El grupo que se reunió para el 39 aniversario luctuoso de Sal Sánchez
El grupo que se reunió para el 39 aniversario luctuoso de Sal Sánchez

Rocky García en Santiago Tianguistenco: el penúltimo rival de Salvador Sánchez

Jorge García, Rocky, es un ex peleador profesional. Pero es un personaje conocido solo por quienes dominan a la perfección el historial de Salvador Sánchez y el panorama boxístico de su tiempo. Por eso, en el grupo, en automático, lo entendieron todo. Sabían de quién se trataba y saltaron todos al mismo tiempo desde sus asientos.

Fue el penúltimo rival de Sal. Rocky García se enfrentó a Sánchez apenas unas semanas antes del trágico accidente en el Porsche. Fue en la Reunion Arena de Dallas, Texas, el 8 de mayo de 1982 cuando Rocky retó a Sal en disputa del campeonato mundial pluma del CMB, en poder de Sánchez. Y Rocky García, que solo había perdido dos combates en su carrera, logró resistirle los 15 rounds a Sánchez para perder una decisión unánime.

En 1982, Sánchez y García se enfrentaron el 8 de mayo; luego, tras poco más de dos meses, Sal noqueó en el último round a Azumah Nelson en el Madison Square Garden.

Y luego, el 12 de agosto de 1982, el más cruel de los desenlaces. Mientras conducía de regreso a su campamento de preparación en San José de Iturbide, Querétaro, el Porsche 928 de Salvador Sánchez fue impactado en la parte trasera por un camión. El vehículo de Sal salió proyectado hacia el carril contrario donde pegó de frente contra otro camión que venía en la dirección opuesta. Ahí terminó todo. Desde la pelea con Rocky García, solo habían pasado tres meses y cinco días.

Sobre Salvador Sánchez se ha creado un aura especial, casi mística. El joven prodigio que hizo todo a los 23 años, pero muere trágica y prematuramente. Qué habría pasado si… es la pregunta que todos se hacen.

Y así, Santiago Tianguistenco se ha vuelto un lugar de peregrinaje por Salvador Sánchez. El que va desde la Parroquia de Santiago Apóstol hasta la explanada del Auditorio Hidalgo es un sendero que todo aficionado al boxeo debe caminar alguna vez. Conforme se camina, al fondo del andador está la estatua de Salvador Sánchez. El personaje de bronce, con rizos inconfundibles y guardia en alto, se va haciendo cada vez más grande al avanzar por el andador.

La estatua está ahí en la explanada, en el mismo terreno donde un helicóptero aterrizó con los restos de Salvador Sánchez de regreso a Santiago Tianguistenco, apenas unas horas después del accidente.

Estatua en honor a Salvador Sánchez en Santiago Tanguistenco
Estatua en honor a Salvador Sánchez en Santiago Tanguistenco

Ese mismo sendero lo han caminado Wilfredo Gómez, Azumah Nelson y Juan Laporte, rivales emblemáticos de Sánchez sobre el ring. Lo han caminado otros grandes campeones mexicanos como Julio César Chávez. Todos acuden a rendir su tributo al joven prodigio.

El peregrinaje de Rocky García

Así como ellos, Rocky García viajó desde California hasta Santiago para cumplir la manda. Caminó, él solo, por el sendero hasta la estatua, donde fue recibido con efusividad por el grupo de familiares, admiradores y amigos que recuerdan año con año al gran campeón.

Ahí, en el pueblo sagrado del boxeo mexicano, Rocky caminó para estar por primera vez en el tradicional aniversario luctuoso. Ahí donde nació la leyenda.

“Es la primera vez que vengo a Santiago Tianguistenco”, explica Rocky. “Vine para conocer dónde vivía Salvador Sánchez; y se me dio que pude venir en este mes. Ya había venido yo antes, pero no coincidía con el aniversario luctuoso”.

Y es que Rocky viajó desde California, donde ha vivido casi toda su vida. Nacido en México, Rocky cruzó muy joven la frontera rumbo a Estados Unidos, donde inició su carrera boxística.

Al llegar, observó la base de la estatua que se ha consagrado a Sal en el lugar. Ahí están cinceladas varias de las más importantes peleas del gran campeón. Rocky descubrió que es parte de la historia.

“Me sorprendió que está mi nombre en la estatua de Salvador Sánchez“, dijo Rocky con voz entrecortada. “Qué bueno que mi nombre está ahí, para que mis amigos no piensen que les eché mentiras de que yo peleé con Salvador Sánchez“.

Rocky García señala la estrella con su nombre en la estatua de Salvador Sánchez
Rocky García señala la estrella con su nombre en la estatua de Salvador Sánchez

La familia de Salvador Sánchez, como su hermano Sulio, su sobrino Salvador, y todos los presentes, recibieron a Rocky como uno más de la familia. Como si lo conocieran de toda la vida, transcurrieron apenas instantes para que Rocky congregara a todos al pie de la estatua contando las anécdotas de su pelea con Sal. Todos escuchaban con atención.

El archivo mental de los ahí presentes tiene bien registrado cada instante de la carrera de Sánchez. Y de inmediato, fue Sulio, hermano menor de Sal, quien empezó a tirar datos de Jorge García, aquel expeleador a quien hacía unas horas, nunca había visto en persona.

“Pero le aguantaste los 15 rounds”, le señaló Sulio a Rocky con admiración. “Pero sí recuerdo que empezaste muy bravo, moviéndote”.

Todos sonrieron de buena gana ante el recuerdo.

Esa noche, Rocky García ganó 35,000 dólares, según la revista Sports Illustrated, nueve veces más que en cualquiera de sus últimas peleas. Sal, por el otro lado, se llevó 150,000.

“Yo iba muy bien preparado”, recuerda Rocky. “En mi trayectoria nadie me había noqueado, nadie me había tirado. Salvador pegaba fuerte, pero lo que pasó es que nunca me puso una combinación completa. Me lastimó más al empezar, pero ya después calenté. No pegaba quedito, pegaba duro, pero será que yo también tenía mi aguante”.

Rocky explicó los principales retos de pelear con Salvador Sánchez, que para entonces ya había noqueado a Wilfredo Gómez y dos veces al Coloradito López, dos futuros miembros del Salón de la Fama.

“Lo más complicado de pelear con Salvador Sánchez era ubicarlo”, señala Rocky. “Tenía mucho movimiento. No lo agarrabas parado, todo el tiempo saltaba, se movía, no lo podías colocar bien”.

Tan pronto como Rocky empezaba a relatar anécdotas, los presentes se congregaban a su alrededor, ávidos de volver a ver a Salvador Sánchez. Y verlo, aunque fuera tan solo en el recuerdo. Lo que no es poca cosa.

“Sin conocerme me recibieron bien”, expresa Rocky. “Es una alegría conocer el lugar donde nació uno de los mejores campeones que han existido. Hace dos años vine, pero a finales de agosto, y el aniversario luctuoso ya había pasado”.

De la estatua dedicada a Sal Sánchez, el grupo caminó unos metros hasta el cementerio donde está enterrado el campeón.

Tumba de Salvador Sánchez
Tumba de Salvador Sánchez

Las historias seguían.

“Peleé con un peleador muy bueno. Conforme pasó el tiempo, él demostró que es uno de los mejores de Mexico”, seguía recordando Rocky García. “Sabía que yo iba contra una figura establecida que ya le había ganado a Wilfredo Gómez, pero mi pensamiento era ganar la pelea yo. Yo sabía que él había peleado ya con peleadores buenos, pero yo me preparé para ganarle, pero me tocó pelear con uno de los mejores peleadores que ha habido. Hasta la actualidad no ha salido con uno como él.

Para sorpresa de muchos, Rocky García contó que al día siguiente de la pelea, él comió con Sal.

“Terminamos bien, y nos reunimos a desayunar o comer al otro día”, recuerda García. “Se portó bien conmigo. No me cayó mal, ni yo le caí mal tampoco. Hasta le serví de interprete porque nos entrevistó el periódico. Al otro día de la pelea nos invitaron a comer. Me felicitó él de la pelea que le di. No se expresó mal de mí, ni nada. Yo sí me agüité, porque no le gané”.

El mejor peleador mexicano de la historia

Aquella noche en Dallas, Rocky García perdió en el ring, pero ganó en la moral.

La revista Sports Illustrated, en su crónica de la pelea, le entregó a Rocky el respeto que se ganó sobre el ring.

“Contra Rocky García, a Sánchez no le fue fácil. Que García haya sobrevivido los 15 rounds no es el resultado del algún descuido de Sánchez, sino de la determinación de García de bajar del ring con el respeto ganado. Y lo hizo”.

En la mente de Rocky García, su pelea con Sánchez se agiganta cada año, conforme crece la leyenda misma del mítico Sal.

“Para mí significa un honor haber peleado con Salvador Sánchez por la leyenda en la que se ha convertido, y que yo pude pelear con él”, expresa Rocky. “Hasta donde llegó, y a la edad que tenía, él es el mejor peleador mexicano de la historia”.

En su recuerdo, Salvador Sánchez es un gigante, y los argumentos para defender la grandeza de su rival, los lanza con la misma naturalidad con la que lanzaba golpes sobre el ring.

“Aunque se sientan mal algunos, en el peso que él peleó, fue mejor que Márquez, Barrera, Morales. A esa edad de 23 años, él ya tenía nombre”, expresa García.

Y Rocky no le rehuye a entrarle a uno de los debates más calientes del boxeo mexicano. Para él, Salvador Sánchez debe estar por encima de Julio César Chávez en la historia. Y ahí también lanzó argumentos, potentes como ganchos y uppers. Su referencia es un rival que Sal y Chávez tuvieron en común: Juan Laporte.

“Inclusive, Salvador Sánchez fue mejor que Julio César Chávez“, explica Rocky. “Y si no, vean la pelea de Chávez con Laporte, y vean la pelea de Sánchez con Laporte. Sánchez le pega mas fácil a Laporte que Chávez. Y eso que con Chávez peleó en otro peso más arriba. Era para que Chávez lo noqueara, tan solo por la pegada y el cambio de división”.

Para Rocky García, la pelea con Salvador Sánchez fue la más grande de su carrera. Tres meses después, el 12 de agosto de 1982, Rocky García, y todo México, se despertaron con la noticia de que su gran campeón había fallecido en un accidente de auto durante la madrugada.

“Ese día me desperté, y estaba en todos lados, en las noticias, en la televisión, en la radio”, recuerda Rocky. “Había un duelo general. Se sentía tristeza por la edad que tenía, 23 años. A esa edad ya había superado a muchos de los que siguieron, pero a él le faltaba. Yo siento que él no iba ni a la mitad de su carrera”.

La frase de Rocky García termina la reunión, y marca el ánimo. Salvador Sánchez no iba ni a la mitad de su carrera. Los rostros se suavizan, las miradas de pierden en el horizonte boscoso. Y todos se marchan con la misma pregunta con la que llegaron.

La pregunta inspira a miles de peregrinos boxísticos que llegan cada año a Santiago Tianguistenco. Y para ellos, es una respuesta que tampoco llega.

¿Qué habría pasado si no hubiera muerto Salvador Sánchez?

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Written by César González Gómez

Fundador y Director General de IZQUIERDAZO. Obsesivo del periodismo deportivo y el marketing digital. Siempre en búsqueda de las grandes historias del deporte. Ha escrito de deportes en VICE, Remezcla, Publimetro, Juanbeisbol, Cuarto Bat, FAST Mag, y muchos medios más.

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