in

Maravilla Martínez, y la derrota ante Margarito que cambió su vida

Sergio "Maravilla" Martínez, y la derrota ante Margarito que cambió su vida
Maravilla Martínez, y la derrota ante Margarito que cambió su vida

El 19 de febrero del año 2000, Antonio Margarito y Sergio “Maravilla” Martínez se enfrentaron en el Mandalay Bay de Las Vegas.

Sergio tenía 24 años y Margarito 21, pero en edad boxística, el mexicano era un león que había debutado desde los 15 años, mientras que Martínez apenas tenía tres años peleando.

Eran dos jóvenes que se abrían paso en el boxeo internacional, y de hecho, para Sergio, era la primera vez que peleaba fuera de Argentina. Maravilla Martínez no lo sabía, pero esa noche ante Margarito le cambiaría la vida.

“Yo no conocía Las Vegas”, narra Martínez en su libro Corazón de Rey. “Había viajado a Hungría con la selección cuando era amateur, pero nunca a esa ciudad. Salió una noticia en Estados Unidos de que necesitaban un boxeador más o menos de nivel que se pudiera mostrar en el exterior, joven, sin muchos combates y que en lo posible estuviera invicto. El perfil encajaba conmigo”.

Para Martínez, criado en una familia pobre, niño herrero y boxeador tardío que había probado suerte infructuosamente en el futbol y en el tenis, Las Vegas era otro planeta.

“Recuerdo que llegué a Las Vegas como un turista, ¡me faltaba un mapa en la mano y estar mirando para arriba! A mí no me deslumbran las luces, ni acá ni allá, ni en ninguna parte, pero quedé deslumbrado al ver esa ciudad… es que yo venía de Claypole. El hotel Mandalay Bay era impresionante, la primera vez que me alojaba en un cinco estrellas. Todavía hoy digo: ‘¡Qué pedazo de hotel’, pero no como aquella vez”.

Las diferencias entre Sergio y Margarito

Con 25 años de edad, y apenas 17 peleas como profesional, Sergio se subió al ring contra un Margarito que teniendo tres años menos, tenía seis peleas más.

“Había una diferencia abismal entre él y yo,” recuerda Martínez en su libro. “Él era todo un profesional y yo era un improvisado. Pasó lo que tenía que pasar, habría sido injusto que yo ganara”.

Sergio Martínez ya mostraba la velocidad, la vivacidad de piernas y la mano izquierda que serían sus emblemas, pero aún estaba crudo. Margarito, por su parte, era un joven cazador que ya cerraba bien los salidas, y atacaba en el momento justo. Cuando Sergio se empezó a sentir cómodo y a pararse más en ese mismo primer round, el mexicano lo cazó.

Un recto de derecha le entró limpio a la barbilla de Martínez que se fue hacia atrás hasta enredarse con las cuerdas y terminar con medio cuerpo afuera. El réferi, Joe Cortez lo dictaminó como caída y le dio el conteo a pesar de que Martínez se recuperó rápido.

Martínez comenzaba bien los rounds, con movilidad y elusividad, pero Margarito lo alcanzaba. Lo castigaba arriba y lo aguijoneaba abajo sistemáticamente, hasta que el argentino, con la boca abierta y jalando aire, tenía que quedarse en la corta, arrinconado en las cuerdas, el territorio de Margarito.

El quinto round terminó con un Maravilla Martínez al borde del colapso, trastabillando, sacudido por los golpes de Margarito que lo habían ido minando en el cuerpo y en el espíritu.

“Le metí un par de zurdas y se me rió en la cara el cabrón”, recuerda Maravilla, “me abrió la guardia y me dijo: ‘Vamos, venga, venga’; y yo dije: ‘Bueno, se puso serio el asunto’. Y me pasó un tren por arriba ese día”.

El argentino sabía, para el sexto round, que no tenía el aire ya para buscar la distancia y se quedaba en la corta intercambiando contra un Margarito que caminaba sobre los golpes de Maravilla Martínez.

Cuando sonó la campana para terminar el sexto round, Sergio se sabía perdido. No era fuerte en la larga ni en la corta distancia. El desenlace estaba cerca.

“Esa pelea hice agua por todos lados: no tenía equipo, no tenía plan A, ni B… ni Z”, recuerda Martínez. “Fuimos a hacer malabares en un sitio donde había un terremoto, y eso no se debe hacer. Pasó lo que tenía que pasar, se hizo justicia. Habría sido injusto que yo le ganase a Margarito, imposible e injusto”.

El séptimo round fue el final para Maravilla. Buscaba abrazar a Margarito para acabar con el castigo, le recargaba la cara, cansada y triste, sobre el pecho al mexicano que se zafaba y lo seguía castigando.

El último minuto del séptimo fue de terror para Martínez que fallaba sus golpes y recibía tres de Margarito, apenas se podía sostener en pie, ya sin fuerzas siquiera para insistir en el abrazo. Con castigo a dos manos, que sacudía la cabeza de Martínez, Margarito lo llevó a las cuerdas para seguir el castigo y liquidarlo, hasta que Joe Cortez intervino. Sergio Martínez había sido derrotado.

¿Sospecha Maravilla de que Margarito utilizó yeso en vendaje?

La imagen fue reveladora. Maravilla se quedó recargado en las cuerdas, bajó el rostro y lo recargó, triste, sobre el pecho del réferi. Fue una postal que adivinaba el futuro inmediato que le vendría a Martínez y las decisiones fuertes que estaba por tomar. “Esa noche me quedó grande el rival, me pasó por arriba”.

“Aunque hace poco se le quitó un vendaje ilegal a Margarito, y algunos pueden especular pensando en cuántas oportunidades lo habrá usado sin que los jueces se den cuenta, yo no miro eso. Él me ganó por que era superior a mí y punto”, expresa Maravilla en sus memorias.

Su rostro triste, lacerado por los golpes y la derrota, marcó a Maravilla Martínez. Ese día había subido al ring con un calzoncillo anónimo al que no le había alcanzado el dinero ni para bordarle su nombre, y  con un protector bucal de los más baratos.

El sueño de ganar dinero en el boxeo se había frustrado al perder así en su debut en Las Vegas. Su regreso a Argentina lo devolvió a una realidad de la que se había aferrado a salir.

“Llegué a Argentina y viajé a la provincia de Buenos Aires para pelear contra el ‘Chaco’ Bejarano y después contra Blanco. Venía de Las Vegas donde te dan batas, toallas, habitación cinco estrellas. Pero ahora, el vestuario era de 3 x 2 m, las paredes estaban sin revocar; no me alcanzarían las palabras para describir la suciedad que había allí. Recuerdo, como si fuera hoy, que había una camilla con una silla, y allí arriba apoyábamos todo. Había unos 10cm de agua en el suelo, lo que hacía imposible pisar”.

La partida de Sergio rumbo a Europa

Era el regreso a la pobreza. A comenzar de cero para Sergio Martínez. “Había un espejito en la pared, recuerdo que me miré en él y dije: ‘Más bajo no se puede caer, no puedo pedir más, esto es el comienzo’. Puedo asegurarte que ahí comenzó mi recuperación. Me lo juré a mí mismo. Me dije: ‘Paso por arriba de mi oponente, yo de aquí salgo’. No podía ni me permitiría pisar nuevamente ese vestuario, no porque me asustara la pobreza, en absoluto, sino porque logré salir de ella y sabía que mi sueño no era ese”.

Siguieron peleas del mismo tipo en Argentina, y fue entonces que Sergio decidió marcharse. Salir del país.

“Corría el año de 2001 en el que todos tienen una historia triste para contar. Yo estuve diez meses pensando: ‘Argentina no me va a llevar a ningún lado con las intenciones y las pretensiones que yo tengo’. No encontraba mi sitio, un lugar donde me pudiese sentir cómodo. En Argentina podía tener los títulos mundiales que quisiera, pero de ahí a vivir del boxeo… esa era una historia muy diferente. Habría tenido que buscar un trabajo, como muchísimas otras personas que no pueden vivir de su profesión”.

Empezar de cero

Y fue entonces que lo hizo. La derrota ante Antonio Margarito le había demostrado que había que tomar decisiones drásticas y se marchó a vivir a España como indocumentado, y ni siquiera boxear profesionalmente le pasaba por la cabeza.

“Llegué a tener cinco empleos diarios. Trabajaba en la puerta de una disco; daba clases en tres gimnasios y clases particulares a dos personas que tenían dinero y querían entrenar. Nunca me animé a contarle a mi madre, pero también trabajé bailando de gogó en una disco, ¡bailando nada más!”

Pero, al final el boxeo volvió. Conoció a su actual entrenador Pablo Sarmiento en España, fue depurando su estilo, generando atención hasta hacerse del campeonato súper welter de un organismo menor, la IBO, y de ahí todo tomó rumbo.

Pronto llegó la clasificación a los listados del CMB, los títulos regionales en 2006 y la primera oportunidad titular en 2007 por el título interino súper welter del CMB.

Tuvieron que pasar ocho años para que Maravilla Martínez regresara a pelear a Las Vegas luego de la noche triste ante Antonio Margarito. Una noche que dejó una huella profunda en el carácter de Sergio Martínez. “Hoy, viéndolo desde otra óptica, puedo decir que hubo un cambio en mi vida que es como la noche y el día. Ahora las cosas las hacemos bien, las hago bien”.

Beterbiev no será una pelea difícil para Canelo, asegura Oleksandr Gvozdyk

“Beterbiev no será una pelea difícil para Canelo”, asegura Oleksandr Gvozdyk

canelo

Canelo señala que nadie había unificado tan rápido una división, en menos de un año