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Triller, Jake Paul: ¿Es el fin del boxeo como lo conocemos?

Triller, Jake Paul: ¿Es el fin del boxeo como lo conocemos?

¿Hemos visto el final del boxeo como lo conocíamos? Esa es la pregunta con resonancias casi apocalípticas que han podido leerse en la opinión pública e industria del boxeo, luego de la cartelera de Triller en que Jake Paul noqueó a Ben Askren el sábado.

La irrupción del modelo de negocios vía plataformas de streaming en los deportes de combate no está comprendida del todo por quienes consumen boxeo, lucha libre estadounidense o artes marciales mixtas.

El caso más reciente nos lo presenta el YouTuber, actor y entusiasta del fitness Jake Paul, quien en menos de dos minutos noqueó a un desconocido peleador artemarcialista mixto el sábado. Fue en una función promovida y producida por Triller, una empresa entre cuyos accionistas está el rapero Snoop Dogg.

Paul, gracias a su fuerte visibilidad en redes sociales, y la agresiva estrategia para segmentar audiencias en esta plataforma se combinaron para vender al menos 1.4 millones de abonados de pago por evento a un precio de 50 dólares cada uno.

Pocos peleadores en la historia han podido llegar a esa cifra de ventas en los últimos 15 años. Esto, en el viejo y tradicional modelo de Pago por Evento, HBO o Showtime para Estados Unidos.

Se trata del estándar dorado de éxito comercial que se supone debe respaldar a un buen producto dentro del cuadrilátero.

La ola de críticas por parte de usuarios de Twitter, aficionados al boxeo, puristas y parte de la prensa estadounidense es justificada, tiene una racionalidad, pero suena anacrónica.

Esa cámara de eco que tiene filtros de burbuja para manipular la percepción vía algorítmica es el escenario ideal para aumentar la visibilidad del espectáculo de combate. Podrá ser efímero o malo ese espectáculo, pero no importa ya lo vieron, lo consumieron y ahora alargan la vida del producto con el ruido social a través de sus comentarios, memes y tuits, horas y días después de que el combate concluyó.

Lección de negocios

En realidad, Snoop Dogg le está dando una cátedra de lectura de nichos demográficos generacionales, de marketing y de negocios digitales. Y es que en Jake Paul, Triller tiene un producto que no tiene la intención de convertirse en un boxeador profesional multicampeón contra los mejores del boxeo actual.

El nicho específico que encontró, principalmente generación ‘Y’ y ‘Z’ representa el grueso de los usuarios de Internet en América del Norte, Europa Occidental, Rusia y parte de América Latina que está dispuesto a pagar por ver ‘sensaciones de internet’ enfrentando un escenario hostil.

En el mundo del YouTube, las estrellas construyen una marca personal que le venden a una audiencia fiel, digitalizada, dinámica. Si Luisito Comunica, el YouTuber mexicano que tiene 36 millones de suscriptores, publica un libro su audiencia lo compra, si abre una compañía de telefonía sus usuarios lo adquieren. A donde vaya ese YouTuber, su audiencia va con él. Entonces, si Jake Paul, con 20 millones de suscriptores en su canal de YouTube, va al boxeo, su audiencia también irá con él.

La pelea de Jake Paul no fue para aficionados al boxeo, sino para la audiencia de YouTubeSi caen, caemos, en la trampa es su problema, nuestro problema. No es solamente un problema del boxeo.

¿Un Spotify del boxeo?

Ahora bien, el concepto de Triller, que debutó con el hit ‘best seller’ del año 2020 pandémico: Mike Tyson vs Roy Jones Jr, tiene peculiaridades dignas de comentar.

La plataforma combina la amenidad musical, y capta sobre todo los géneros o artistas más populares del momento, vía streaming: reggaeton, hip-hop y rap en Estados Unidos. 

A la par de esto, Triller ha creado un atractivo híbrido, un Frankenstein generacional. Por un lado, se concentra en proveer de contenido a los nichos de mercado de las generaciones más jóvenes, los que escuchan reggaeton, pop, rap actual. Y por el otro lado, hace cruce de segmentación entre estos grupos, explotando la nostalgia entre los fanáticos del boxeo de la vieja guardia. 

Esa ‘nostalgia profunda’, el vintage, o como quiera que se llame a este fenómeno tecnológico y cultural, estimula la emotividad del aficionado más maduro con impulsos que le llegan desde el pasado, desde su añorada juventud. Es un fenómeno cultural.

Pero es también un fenómeno tecnológico, porque llega maximizado por unas redes sociales que lo detectan y lo explotan. Entonces, al hombre cuarentón, Facebook le presenta emotivas antologías en video, de jugadas del “Fenómeno” Ronaldo, o de Zinadine Zidane apelando a su nostalgia noventera. Ese redituable estímulo nostálgico fue la base del éxito que produjo más de 2 millones de abonados de pago por evento para ver la pelea entre Mike Tyson y Jones Jr, en noviembre pasado. Para esos mismos aficionados cuarentones al boxeo, volver a ver Mike Tyson fue un viaje en el tiempo hasta su niñez. Negocio redondo. 

“Es como ver a tus dos tíos peleando en una parrillada de domingo”, dijo Snoop Dogg. 

La frase de Snoop Dogg, salida desde la lucidez callejera, conectó con su público, al que conoce biien. Si nos reímos tanto, fue porque hoy nosotros somos esos tíos. Y si somos esos tíos, y captamos el chiste, es porque también somos su mercado, y también somos sus clientes. Otra vez, negocio redondo.

Nostalgia es lo que abre el mercado también para que esta plataforma esté preparando una versión de lo que sería el tercer duelo entre Tyson y Evander Holyfield en la segunda parte del año.

Pero Thriller, que ya compró a su distribuidor de contenidos FITE, va en serio.

En marzo, Triller pagó más de 6 millones de dólares para promover y producir la pelea que va enfrentar al campeón unificado y lineal de peso ligero Teófimo López contra el rival mandatorio, George Kambosos, por los títulos AMB, OMB, FIB y la revista The Ring.

Una pelea que Top Rank no quiso pagar, y se fue subasta. Llegó Triller y pagó varios millones más que su competidor más cercano, para arrebatarle la pelea a las promotoras y televisoras tradicionales del boxeo actual. Triller está comiendo, y haciendo negocio, en los lugares y en las experiencias que sus competidores tradicionales del boxeo no están detectando.

¿Tacaños?

Esa suma de dinero, la que no quiso pagar Bob Arum para Top Rank y ESPN+ (otra alianza de streaming), tampoco la alcanzó a igualar el promotor de moda, Eddie Hearn, para DAZN y Matchroom.

La cifra de Triller casi triplicó la oferta de Top Rank / ESPN que fue de 2.32 millones, y casi duplicó la de Matchroom / DAZN de 3.51 millones.

¿Tacaños?, claro. Promotores de gran calado como Arum y Hearn son los motores que mueven la economía del boxeo profesional en este momento, junto a De la Hoya y Golden Boy, quien por cierto narró parte de la función que estelarizó Jake Paul en Triller. 

El mismo De la Hoya se puso la camiseta de Triller, y anunció hace un par de semanas que va regresar al cuadrilátero y lo hará en la plataforma que Snoop Dogg está consolidando rápidamente con inversiones atrevidas.

Otro punto para señalar de este concepto es que claramente normaliza lo que es legal en una docena de estados de la Unión Americana: el consumo recreativo de mariguana.

Y, así, vemos a un Óscar de la Hoya comentando la pelea de forma eufórica, o atropellada, aparentemente alcoholizado o drogado, porque Triller, como las nuevas audiencias a las que capta, nace normalizando el consumo de sustancias para fines recreativos. O igual, Snoop Dogg canta mientras fuma un cigarro sin marca, y Mike Tyson comparte cómodamente que consumió mariguana antes de subir al ring contra Roy Jones.

La consecuencia es que si juntas a un Óscar de la Hoya en esas condiciones, con la chispeante personalidad de Snoop Dogg comentando una pelea, los resultados son interesantes. Es una plática de tres o cuatro tipos, hablando de boxeo en una borrachera, con el desparpajo y la sinceridad de un criterio relajado por las sustancias. Y así se escuchó en la transmisión.

Los símbolos y las señales ahí están en cada función promovida con la personalidad de Snoop Dogg y tiene sentido desde la racionalidad empresarial, es un mercado que requiere estos ‘lubricantes lúdicos’ para llevar a cabo sus actos de consumo con alguna variante de mariguana.

Por algo Tyson, uno de los principales rancheros productores de mariguana legal en California con ventas por 54 millones de dólares anuales, encabezó la primera función estelar de Thriller.

Es el cambio cultural, ya viéndolo en medios masivos de comunicación, derivado de la legalización de varias sustancias, otrora prohibidas en Estados Unidos, para uso recreativo. Esa cultura llegó al boxeo.

¿Amenaza?

¿La fusión de estos nichos amenaza al establishment del boxeo y la reputación de los boxeadores profesionales?

La respuesta es: nunca jamás.

Se trata de un espectáculo y un modelo de negocios completamente diferente que está actuando de una manera agresiva en que los promotores y plataformas que producen boxeo no lo están haciendo, con plena conciencia. Por eso, De la Hoya se atrevió a hacer en los micrófonos de Triller, lo que nunca ha hecho con los micrófonos de Golden Boy. Parecieran dos personajes distintos. 

Además, por lo pronto Triller en su lanzamiento diferenciado ahora busca establecer la legitimidad de la marca con una cartelera estelarizada por su primera pelea seria: Teófimo López, un Libra Por Libra auténtico contra George Kambosos, un retador que se supone es competente, el próximo 5 de junio. ¿Veremos el mismo Triller? Todo apunta a que sí.

Alguna lección está dejando Triller a los promotores y sus empresas boxísticas, así como a los organismos burocráticos que han hundido al boxeo en la era multi cinturón. Y esa lección es que esta pandemia puede ser el mejor momento para revertir la crisis, dejando atrás la aversión por el riesgo. Triller ha llevado el riesgo a niveles kamikazes.

Mikaela Mayer, boxeadora profesional que tiene el cinturón OMB súper pluma lo sintetiza muy bien en un tuit publicado.

“En realidad no tengo ningún problema con Jake Paul. Parece que realmente ama el boxeo y está dedicado a su entrenamiento. Sí, es una estrella de YouTube, pero eso sólo demuestra lo poderosas e importantes que pueden ser las redes sociales en estos días. Soy optimista, porque ante mis ojos… todos están hablando de boxeo”, tuiteó Mayer.

Hacking

El caso de la negociación fallida entre Arum-Top Rank- Teófimo López ejemplifica muy bien todo el proceso. Arum quería pagarle a Teófimo sólo 1.5 millones de dólares después de vencer a Vasily Lomachenko. Triller le pagará a Teófimo 4 millones de dólares. Esto explica muy bien que la racionalidad para maximizar ingreso, y minimizar riesgo del promotor está fallando, tiene un error en su código en perjuicio del deporte y de la otra demografía que consume boxeo profesional.

Triller está hackeando la industria del boxeo y casi nadie lo está leyendo como lo que es.

Las promotores, plataformas, organismos y boxeadores tienen que hacer a un lado su aversión al riesgo y concertar las peleas que todos queremos ver. 

El otro punto es que espectáculos como el del sábado ocurren y van a seguir ocurriendo porque en esta era de nichos y conectividad siempre hay miles que quieren pagar por ver, y empresas listas para monetizar. 

Al menos Jake Paul ha mostrado disciplina, gran dedicación a su físico y está aprendiendo poco a poco las bases del boxeo. Siempre llega en forma, es carismático y su fuerte combinación del clásico ‘uno-dos’ le va dar problemas a todos sus rivales, en este nivel.

Paul no será el último fenómeno producido por estas plataformas. Ahí viene Anderson Silva contra Julio César Chávez Jr, el 19 de junio en Guadalajara. Es parte de una previa que por cierto presentará a su papá contra nada y nada menos que Héctor Camacho Jr, en otro acto de nostalgia y rareza que cruza demografías dispuestas al consumo.

Chávez Jr es otro avispado que está sabiendo leer el mercado. Se pintó el pelo, comenzó a usar ropa extravagante, y reorientó su marca personal. Chávez Jr ya se asume como un YouTuber, un personaje de las redes sociales, como Jake Paul, y ya no tanto como el peleador profesional campeón mundial que fue. Ya no lo veremos disputar un título mundial, pero lo seguiremos viendo porque sabe lograr que lo veamos.

Colofón

Quizá uno de los puntos que preocupan es la débil calidad periodística de los equipos de comentaristas y analistas que Triller presenta en sus shows. Y es que, claramente, no es su objetivo presentar con elocuencia y ojo crítico las acciones en el ring. 

Tampoco existe uso inteligente del lenguaje que permita explicar la acción y el contexto y las historias personales de los peleadores con detalle. Lo que abunda es el lenguaje callejero, barrial, hiphopero, avispado, intoxicado.

Es algo digno de resaltar, aunque aclaro es un show de combate y no una pelea de box.

Y cada vez lo vemos más. Otro aspecto es que un fin de semana previo vimos el combate entre Ebannie Bridges y Shannon Courtenay por el título gallo AMB, un duelo aparentemente dispar promovido por Matchroom Boxing.

Bridges, autoproclamada como la Bomba Rubia, apenas tenía una victoria sobre una boxeadora con récord ganador y acumuló fama meteórica presumiendo su bella presencia en Instagram. Incluso, vendió por internet algunas de sus prendas usadas como guantes, ropa interior y calcetines, pero fue sumamente tenaz ante su rival.

Además, ese mismo fin de semana el reguetonero Bad Bunny debutó con éxito como luchador en la franquicia WWE y su show de gala anual Wrestlemania haciendo lances, llaves, piruetas y saltos mortales para entretener a la audiencia.

En ambos casos, sin ser practicantes de gran calado en deportes de combate profesional, se ganaron el respeto de la prensa y la audiencia por la seriedad, pasión y competitividad con la cual lucharon hasta el final.

La irrupción de estas personalidades en la arena profesional no se va detener.

Si no se detuvo cuando el actor Mickey Rourke debutó como boxeador profesional en 1991 hasta retirarse en 1994 con foja de 6-0-2 y 5 KO’s en la división de peso semicompleto, ¿por qué habría de detenerse hoy que el negocio es mejor y la audiencia de nicho mayor?

La música no se detuvo cuando hizo irrupción la cadena MTV con su plataforma de videos musicales, sólo provocó una transformación para mejorar una industria. En ese momento, la música dejó de solo escucharse, ahora también podía verse. Y la música siguió existiendo.

De la misma manera el boxeo y sus actores deben aprender lecciones clave para mantenerse vigentes, mejorar la calidad de su producto es una asignatura pendiente.

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