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A Tyson Fury y Deontay Wilder los une la depresión

Wilder y Fury depresión
Foto: Fury y Wilder (Instagram)

Deontay Wilder y Tyson Fury son dos monstruos, dan miedo, pero según sus antecedentes, no solo los une el boxeo. A Wilder y Fury también los une la depresión. Sus físicos son impresionantes, los han construido en el gimnasio, pero su debilidad está en la mente.

Deontay Wilder y sus ataques suicidas

No es un secreto, se sabe que a Wilder estuvo a punto del suicidio cuando apenas tenía 19 años.

“¿En qué momento piensas en acabar con tu vida? Seguro que todos hemos pasados por momentos complicados y en la mente se han formulado: ¿qué tengo que hacer para terminar con los problemas?”

Deontay Wilder se hizo ese cuestionamiento a los 19 años, cuando aún no estaba en el mundo del boxeo. Se había convertido en padre, su hija nació con discapacidad y tenía que pagar todas las cuentas.

Apenas llegas a fin de mes y casi no tienes dinero en tus manos. Vas pagando cheque a cheque. Lo he hecho, he estado ahí, sé lo que se siente”, revela Wilder.

En 2005, el hombre de más de dos metros demostró su debilidad. Perdió a su familia, tenía muchas deudas y poco dinero, no había salida. Entonces tomó una pistola, estaba listo para suicidarse. Entonces vino en recuerdo de su hija, pensó que al tener una discapacidad necesitaba más amor y decidió enfocarse.

“Esos pensamientos vienen a tu cabeza cuando estás pasando algún tipo de depresión o cosas diferentes en tu vida. Piensas que la única forma de acabar con ello es terminando con tu vida. No piensas en nadie más, solo en ti”, reflexionó.

El boxeo le enseño una lección: subir al ring, caer, levantarse y seguir.

Wilder y Fury depresión
Foto: Deontay Wilder (Instagram)

Tyson Fury, lecciones para sobrevivir

Le gusta jugar con sus oponentes, es macabro, presumido, pero todo eso ayuda a sobrevivir, a vivir con depresión. Fury bebe cerveza como si fuera agua, no le hace nada, o al menos eso piensa, porque dos litros por día es una barbaridad para un atleta de su talla.

En 2015, derrotó al ucraniano Vladimir Klitschko, conquistó los títulos de la AMB, de la FIB y la OMB. Fue lo peor que le pudo pasar, ‘se le subió’, perdió la cabeza y cayó en los excesos.

Llegó a pesar 180 kilos, consumía cocaína, bebía mucha cerveza y pasaba el tiempo viendo los partidos del Manchester United.

También pensó en la muerte, compró un Ferrari, aceleró hasta los 300 km/h, iba directo contra un puente y de pronto reaccionó, evitó el golpe y buscó a su familia. Regresó al boxeo y sorprendió a todos al conseguir el empate ante Wilder.

Toda una historia de vida, aunque dicen que cuando gana celebra con cocaína y prostitutas.

Previo a la trilogia hay algo claro: a Wilder y Fury los une de la depresión.

Wilder y Fury depresión
Foto: Tyson Fury (Instagram)

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