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Una última ofrenda del Travieso Arce

Es muy conocido el desolador suceso que marcaría a Jorge “El Travieso” Arce cuando era un niño y lo llevaría a ponerse de rodillas en una iglesia para intentar hacer un negocio con Dios. El imperativo por parte del plebe mochiteco que apenas empezaba a boxear era que su papá sorteara el último danzón que una suerte maldita le había arreglado con la muerte.  Y la ofrenda de ese niño boxeador mochiteco era algo convenenciera pues también lo beneficiaba a él mismo, pero igual era noble y preciosa, y de cualquier forma requería de “El Travieso” un ritual de sacrificio donde estarían de por medio su cuerpo y alma. 

Su papá había tenido un accidente mientras trabaja soldando en un taller y las quemaduras de tercer grado que llevaba en todo el cuerpo lo habían deformado, tanto, que “El Travieso” dijo que su padre parecía un monstruo y únicamente sabían que era él porque en la cama del hospital estaba su nombre: Óscar Arce. Era abril del 92 cuando la luz de un flamazo producto de un corto entre un cable de luz y una línea de aceite hidráulico por poco se volvía  el último destello que miraría el señor Arce. “El Travieso” se despidió así de su padre en el quirófano, y acto consecuente le prometió al cielo un campeonato del mundo a cambio de que no se desvaneciera la vida de él, de su papá, que nunca pudo hacer dinero tirando golpes en el ring por más que quiso. Él que se desvivía con las riñas de Julio César Chávez, y que probablemente hubiera tratado de conseguir su propio campeonato del mundo si su madre hubiera firmado un consentimiento para dejarlo pelear.

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A los 19 años, en diciembre del 98, “El Travieso” ganó su primer campeonato del mundo en peso mosca.  Su papá, ya entonces gozando de buena salud, fuera de peligro y con aquel incidente plasmado en la memoria solamente como un infortunio, celebraba en el ring acompañado de su esposa y los tres hermanos de “El Travieso”. Se tenía que celebrar porque un triunfo mundial no es poca cosa, y menos para alguien que venía de una marcada exclusión social mexicana  que a diario sigue arrebatando posibilidades e interrumpiendo sueños a las 5:00 de la mañana, esa hora infame cuando se tiene que levantar el tipo de gente a la que llaman “la clase obrera”. El morro era pobre pues. Y por necesidad se metió a jalar desde los 7 años. Trabajando de paquetero, sirviendo tacos, de lo que fuera. Desde abajo porque no hay de otra.

El cuento de aquel plebe inquieto de Los Mochis, Sinaloa es digno de contarse a cualquier niño, pero no como un cuento fantástico que se narra para arrullarlo y que se duerma. El cuento fantástico del morro- dientón-peleonero de Los Mochis se le contaría a un niño para que se despierte. Para que se aliviane. Para que aprenda de la viveza y la desfachatez de quien aprovecho la única salida que tenía. El atrevido que aprovechó el ingenio que le fue concedido: nacer para pelear. Ni más ni menos.

Se pueden debatir miles de cosas sobre el cuento norteño de “El Travieso” Arce, pero hay un patrón constante: la humillación y la burla hacia su persona contra un espíritu aguerrido que se rehúsa a abandonar la pelea. Seguramente algunas críticas las tendrá bien merecidas y en su vida personal habrá veces que haga alarde de sus imperfecciones y defectos, como todos. Así lo hemos visto públicamente en televisión nacional cuando ha intentado bailar en concursos. O con los pelos parados cantando desafinado y arruinando rancheras. O adentro de un jacuzzi buscando jabones entre las caderas de Niurka. Ayer lo vi imitando al Finito López cuando comenta boxeo. Todo empezó en el programa Big Brother VIP en el 2003 y todavía no termina porque “El Travieso” sigue teniendo arrastre y el próximo sábado al parecer va a reventar un lugar en Los Mochis cuando busque su sexto título mundial frente al Johnny González.

Al actual campeón peso pluma del CMB, Johnny González, esta vez le tocó ser el malo de película. Y ni hablar. Pero como todo villano camina fuerte, peligroso, amenazante, y acompañado del perfecto compañero en crimen, el legendario Nacho Beristaín. La escena se va dibujando y el guión escribiendo: “El Travieso” en Los Mochis entre cerveza, algarabía, familia y música banda. “El Travieso” en Los Mochis partiéndose la madre por otro campeonato del mundo.

Más allá de las estadísticas y campeonatos, al boxeador se le recuerda mucho por las peleas que hicieron sentir algo a la gente. Y el cuento norteño de “El Travieso” ha hecho sentir mucho a bastante gente. Desde que llegó con Don Kochul Montiel a su gimnasio para posteriormente debutar a los 16 años, hasta al mismo policía que lo agarró incontables veces tratando de cruzar la frontera. Pasando por la dramática y sangrienta pelea que ganó noqueando a Hussein Hussein. Recordando la paliza que le dio Cristian Mijares en el 2007 y la repasada de tres rounds que le puso Nonito Donaire hace dos años. “El Travieso” no hacía travesuras como la gente solía decir, “El Travieso” hacía ofrendas. Se ofrecía el mismo ahí, en donde fuera. Y así, a sus 35 años parece que todavía hay tiempo para una más. Una última ofrenda de “El Travieso” Arce.

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