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Vergil Ortíz pasa problemas pero liga nocaut 18 consecutivo al vencer a Kavaliauskas

Vergil Ortíz pasa problemas al inicio pero logra nocaut 18 consecutivo sobre Egidijus Kavaliauskas

Vergil Ortíz dio una muestra de contundencia y de madurez frente a la adversidad al ligar su nocaut número 18 de forma consecutiva y forzar la detención de Egidijus Kavaliauskas en el octavo round, la noche del sábado en Frisco, Texas.

El joven prospecto mexicoamericano tuvo que remar contra la adversidad, ante un Kavaliauskas que fue todo lo que de él se esperaba. El lituano no es un peleador que se pueda comer de un bocado, y ya lo había demostrado ante Terence Crawford.

Para Vergil Ortíz, enfrentar a Kavaliauskas era seguir escalando el nivel de oponentes y era también la oportunidad de tener una referencia de comparación Terence Crawford.

Al igual que contra Crawford, Kavaliauskas apretó a Ortíz en los primeros rounds. E incluso, el lituano logró poner mal en un par de ocasiones al mexicoamericano, pero terminó perdiendo fuelle cuando la pelea entró a su segunda mitad. Lo mismo que le pasó a Egidijus contra Crawford.

Fue en el segundo round cuando la sorpresa se asomó al ring. Parecía una historia más del prospecto que termina descarrilado sorpresivamente. Y es que Kavaliauskas logró conectar un upper de derecha sobre Ortíz que le dobló las piernas a Vergil, que intentó sobrevivir por varios segundos.

Como suele pasar cuando lastiman por primera vez a un prospecto, Ortíz entró en pánico. Así lastimado y vacilante, empezó a soltar bombas de forma desesperada y una de ellas entró el cuerpo de Egidijus. Ahora, de forma dramática, se invertían los papeles, y el lastimado era el lituano que se replegó. Ya no le alcanzó el tiempo a Ortíz para ir a acabarlo.

Ortíz pasó un susto enorme en ese segundo round. Sabía que tenía que hacer ajustes y mostrar inteligencia boxística ante un correoso Kavaliauskas.

Para el tercer round, Vergil empezó muy amarrado, cauteloso. Medía más a Kavaliauskas, que se notaba confiado soltaba más las manos. Al final de ese round, Ortíz empezó a encontrar consistencia en su jab y a conectar a Kavaliauskas.

El jab de Vergil Ortíz es uno de los mejores en el boxeo. Es un verdadero golpe de poder que recuerda mucho al jab del mejor Golovkin. Lo tira con rapidez, precisión y poder. Es una mano que sacude la cabeza del rival, y sería un arma para lograr recuperarse en esta pelea contra Kavalisuas.

En el cuarto round, Egidijus lastima otra vez a Vergil. No tan evidente como la ocasión anterior, pero logra hacer que el mexicoamericano se repliegue contra las cuerdas abrumado. Pero nuevamente, Ortíz se defendió lanzando bombas desesperadas, y eso hizo que Kavaliauskas se repliegue. Cuando Egidijus caminaba hacia atrás Ortíz logra prenderlo, con una combinación 1-2, derecha e izquierda que entró en la mandíbula del lituano que se fue a la lona. De forma explosiva, Ortíz se había quitado de encima al lituano, quien se levantó de la lona justo cuando sonó la campana.

Ortíz ajustó en el quinto y empezó a hacer un boxeo más inteligente. Se le nota más precavido, no arriesga tanto, pero busca meter golpes aislados con velocidad. En ese terreno brilla con golpes plásticos, rápidos y explosivos, mostrando notables bases técnicas.

Para el sexto round, el oleaje empieza a correr a favor de Ortíz que mete los mejores golpes de poder. Boxea más, se mueve por todo el ring, mete un golpe y se quita el contragolpe del lituano. Egidijus está esperanzado al contragolpe pero no acierta. Y eso es porque Ortíz ha leído bien las intenciones de Egidijus, y esta peleando a un golpe o dos, y luego sale de rango quitándose con la cintura las respuestas de Kavaliauskas.

El séptimo round ya es el claro síntoma de que la pelea es toda de Ortíz, que domina el ritmo de combate, y el espacio sobre el ring. Encuentra tiempo y distancia, y acierta con golpes largos de que entran con violencia sobre Egidijus. Ortíz combina arriba y abajo, y Kavaliauskas empieza a mostrar signos de está siendo molido por el golpeo. Los jabs de Ortíz siguen generando. estragos. Son duros, golpes de poder, que entran una y otra vez sobre Kavaliauskas.

El desenlace llegó en el octavo, donde Ortíz logró derribar cuatro veces a Kavaliauskas. Primero, lo conectó al cuerpo, y el lituano lo resintió, aunque quiso seguir peleando e intercambiando replegado en las cuerdas. Pero un segundo después se encontró con otra mano de Ortíz al cuerpo, y puso la rodilla en la lona.

Egidijus se levantó. Y Ortíz fue por él. Lo logró derribar dos veces más, en parte porque el lituano está abrumado y aún sofocado por el golpeo al cuerpo. Kavaliauskas se levanta por última vez y Ortíz va a terminarlo con una máquina de golpes en un rincón. Kavaliauskas vuelve a poner rodilla en la lona, es su cuarta caída, y el referí ya no cuenta. Le detiene la pelea, apenas a unos segundos de terminar el round.

Fue un triunfo muy importante para Vergil Ortíz, en calidad de prospecto. Es de esas peleas en las que se recorre mucha lana, en las que se obliga al joven león a sacar lo mejor de su boxeo para salir avante. Habrá muchos pendientes a trabajar en el gimnasio en las anotaciones de Vergil, pero también demostró que es un peleador inteligente.

A pesar de su juventud, Ortíz sabe leer una pelea, y hacer ajustes. Entendió que tenía que apostarle a boxear más y buscar combinaciones muy cortas para poder evitar los contragolpes de Kavaliauskas. Y así encontró resultados. Siempre amparado en un jab de élite y en un sólido golpeo al cuerpo. Quizás sus dos principales activos como boxeador.

Vergil está para pelearle a la élite de los welter. Si bien Kavaliauskas no es un élite, sí es un guardián de la división que pelea los últimos lugares del Top 10 en las 147 libras. Lo demostró ante Terence Crawford, y lo demostró hoy ante Ortíz. Por eso, el joven mexicoamericano ha librado la prueba, y ha demostrado que no está lejos de Terence Crawford en una potencial pelea. Vergil Ortíz puede soñar.

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