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Yuri Arbachakov el primer boxeador nacido en la Unión Soviética en ser campeón mundial

Yuri Arbachakov el primer boxeador nacido en la Unión Soviética en ser campeón mundial

Nacido en 1966 en una pequeña aldea indígena montañosa cerca de Siberia, Yuri Arbachakov pasó a la historia tras convertirse, en 1992, en el primer campeón mundial del boxeo profesional nacido en la Unión Soviética.

Cuando Arbachakov se coronó campeón mundial mosca del CMB en junio de 1992, apenas habían pasado seis meses del colapso de la Unión Soviética en diciembre de 1991.

El boxeo profesional, prohibido en la Unión Soviética

Mientras existió la Unión Soviética el deporte profesional estuvo prohibido en el país. Una súper potencia deportiva con atletas de élite en una gran cantidad de disciplinas, pero cuyos deportistas estaban impedidos de cobrar buen dinero por su talento. Por ejemplo, la Unión Soviética era la gran potencia del hockey sobre hielo. Desplegaban un estilo de juego electrizante, y decenas de sus jugadores tenían el talento suficiente para  jugar en la más importante liga profesional del mundo, la NHL. En Estados Unidos podían ganar millones de dólares. Sin embargo, el gobierno soviético no lo permitía.

La única forma de evadir la prohibición era la deserción. O sea, viajar a alguna competencia internacional, y buscar la manera de escapar del hotel de concentración donde estuviera alojado el equipo soviético, para poder trasladarse a Estados Unidos y firmar con algún equipo, o promotor. El riesgo era que la familia de ese atleta se quedaba en la Unión Soviética, acosada y amenazada por el estado.

A Yuri Arbachakov le tocaron buenos tiempos, cuando la Unión Soviética iniciaba un proceso de apertura. Con permiso del gobierno, Arbachakov emigró a Japón en 1989, junto a un puñado de boxeadores soviéticos. Y y lo pudo hacer mediante el programa de transformación Perestroika. Y lo haría ganando un sueldo equivalente a 2,200 dólares al mes en Japón.

Tras la llegada de Mijail Gorbachov al poder en la Unión Sovietica, inició la Perestroika, un proceso de apertura del país hacia el mundo. Eso facilitó la salida controlada de deportistas como Yuri Arbachakov para probar fortuna en el profesionalismo.

Arbachakov se convirtió, entonces, en un pionero para los boxeadores rusos para abrir las puertas al mercado de paga. Esto en una nación, abundante en talento que dominó junto a Cuba los principales torneos amateur y los Juegos Olímpicos desde la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín en 1989.

Yuri Arbachakov fue enviado a Japón en 1989 junto a otros cinco boxeadores rusos. Pese a que nunca peleó en suelo estadounidense, la proyección de hacerlo desde la escena nipona fue suficiente para que sus resultados, fotografías y videos de las peleas aparecieran en medios de comunicación deportivos de origen inglés o norteamericano.

Nadie sabía con certeza qué iba a pasar con este experimento en Japón, porque dejar atrás el yugo del comunismo para ingresar al capitalismo era más que un esfuerzo físico. Fue una lucha extenuante contra las ideologías y la presión política de Moscú.

“Fue muy emocionante, eso normalmente nos preparó para considerar entrar por primera vez al mercado del boxeo”, dijo Arbachakov en una entrevista publicada en 2013 para el canal MMA Series. “Prácticamente significó que este principio (el capitalismo), que podía parecer como una tentación para mí en Rusia, ahora seguía siendo inusual verlo reflejado en las ciudades de Japón”.

Como era normal en la Unión Soviética, Arbachakov recibió instrucción comunista desde que era estudiante de educación básica en su región natal del óblast de Kemerovo en la década de los 70. Al ingresar a la universidad optó por una institución que le proporcionara los medios para aprovechar la actividad económica de la zona, por lo que se matriculó en el Colegio de Minería de Tashtagol.

Arbachakov se graduó. Sin embargo, su largo camino hacia el boxeo profesional fue precedido por un período obligatorio de servicio militar en el Ejército Soviético, una de las máximas instituciones que consagraban la defensa del comunismo y la tierra continental como el único ‘way of life’ en el mundo para frenar el avance del sistema capitalista.

Ahí, ya como parte del “Ejército Rojo”, conoció al entrenador de boxeo Vladimir Petrovic Kuregeshev. De la mano de Kuregeshev, Yuri demostró ser un boxeador maravilloso en los torneos amateurs oficiales, ya que Arbachakov salió con ímpetu de las filas militares. Ganó el segundo lugar solo por detrás de Sergei Yeun en el Campeonato de Rusia del año 1985. Este debut inesperado le ayudó al entrenador Kuregeshev para ganar el premio nacional de maestros.

Por su parte, Arbachakov extendió rápidamente su éxito con victorias muy disputadas en el Campeonato de Siberia y el Lejano Oriente, los Juegos de los Pueblos de la Federación Rusa, así como una serie de torneos internacionales de la AIBA en Europa.

La nueva Cortina de Hierro

Lo más complicado para Yuri Arbachakov y sus cinco compañeros en Japón, fue la transición al profesionalismo desde una perspectiva de influencia política rusa que se resistía al cambio.

Una jugada política ordenada por el Ministerio de Deportes Ruso frenó el desarrollo de los incipientes boxeadores profesionales en Japón. Desde la Unión Soviética solicitaron que su entrenador en Japón, Alexander Zimin, fuera requerido de vuelta en su país sin una explicación razonable.

Con el tiempo, la sospecha creció y los boxeadores rusos confirmaron la injerencia en Japón de promotores locales. No querían a un especialista cargado de ideas comunistas entrenando a peleadores japoneses. Incluso, se asomó la amenaza de que el mismo Arbachakov y los otros peleadores soviéticos fueran devueltos a su país.

“Cuando los japoneses se dieron cuenta de Zimin trataron de realizar una medida de atenuación. Ellos no veían posible que un especialista extranjero empezara a sembrar semillas en su país. Querían enviarnos de vuelta a todos”, recuerda Arbachakov“Nuestros peleadores se inconformaron, nos pusimos en huelga. Les dijimos: Esto es un ultimátum, si envían a Zimin a Rusia todos nos vamos debajo de la Cortina de Hierro por mucho tiempo”.

El sentido de la expresión Cortina de Hierro en esta entrevista fue claro y deliberado. Arbachakov era un líder dentro del equipo ruso en Japón, y se remontó a la esencia del aislacionismo soviético. Si se concretaba el regreso de Zimin, todo en la Unión Soviética volvería a como estaba antes de la Perestroika. 

“La situación creó tensiones entre los peleadores, el público japonés y las autoridades del deporte ruso”, dijo Arbachakov.

Esa presión surtió efecto. Zimin regresó a Japón donde reguladores boxísticos y promotores del poderoso Kyoei Gym aprendieron a trabajar con la disciplina que el especialista ruso le imponía a sus peleadores.

Yuri Arbachakov y la ruta al profesionalismo fuera de la Unión Soviética

Parte de la ruta de Arbachakov al profesionalismo incluyó episodios duros de digerir. Por ejemplo, la disputada victoria ante el icónico amateur cubano Pedro Orlando Reyes en 1989. El cubano le infringió la mayor cantidad de castigo que el ruso haya sufrido en toda su carrera. Eso fue en el Campeonato Mundial Amateur de 1989 realizado en Moscú.

Reyes deslumbró con un boxeo agresivo, raro para el tipo de certámen, mitigando la reacción del local hasta que sobre el final del tercer round el referí detiene la pelea para revisar el promontorio en la nariz de Arbachakov. El soviético montó en cólera haciendo un ademán frente al público ruso y una pequeña porra cubana que ya festejaba la medalla de oro en territorio moscovita.

Según el reglamento, la lesión le impedía a Yuri continuar el combate. Sin embargo, tras recurrir a las tarjetas resultaba que Arbachakov iba ganando la pelea 18 puntos a 17. El anunció sorprendió incluso a los locales y marcó con sombra una victoria para Arbachakov. Fue un resultado que a la fecha sigue luciendo dudoso. La prensa de la época en Cuba no le perdonó, así como tampoco lo hacen blogueros isleños que reviven el tema de vez en cuando enalteciendo la carrera de Pedro Orlando

Este trago amargo, que fue el último podio amateur relevante para el ruso, sólo es superado por la frustración de no integrar el equipo nacional de la Unión Soviética en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Fue su última aparición como país comunista. Pese a brillar en el plano amateur internacional de 1985 a 1988 el Ministerio de Deportes soviético no lo incluyó en la delegación final que asistió a Seúl.

“No estuve en la composición final del equipo soviético”, recuerda Arbachakov. “Tras la pelea con Pedro Reyes ahí me di cuenta de que ya no tenía la motivación por seguir peleando como amateur con el equipo nacional”.

Tras apenas sobrevivir al cubano Reyes y con el magro precedente de Seúl, Arbachakov sospechaba que la caída del Muro de Berlín en noviembre 1989 iba acelerar la apertura de la Cortina de Hierro. Hacer campaña para buscar un boleto a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 parecía muy lejano. Se percibía la debilidad política en los últimos años de la Unión Soviética.

El debut de Arbachakov como profesional

Con el drama de Zimin el debut profesional de Arbachakov el 1 de febrero de 1990 en Tokio era más que esperado. Pero también el de sus cinco compañeros que habían salido de la Unión Soviética junto con él: Orzubek Nazarov, Viachaslau Ianouski, Vyacheslav Yakovlev, Ramzan Sebiev y Ruslan Taramov.

El debut de este puñado de peleadores soviéticos, todo el mismo día, estuvo lleno de poder. En la arena Kokugikan, un pequeño recinto en Tokio utilizado principalmente para el sumo, todos los soviéticos ganaron y noquearon a sus rivales. El simbolismo era enorme: iniciaba así la era del profesionalismo para los soviéticos. Con sus puños habían derribado otra cortina de acero.

Cuando le llegó su turno de subir al ring, Arbachakov despachó de manera enfática por nocaut al filipino Allan Tanaka en tres asaltos. Entró así al libre mercado boxístico sin gran fanfarria, pero con enorme simbolismo ante los ojos con celo del Ministerio de Deportes soviético.

Yuri Arbachakov, primer campeón mundial nacido en la Unión Soviética

Pero Yuri Arbachakov seguiría haciendo historia. Tras acumular un récord invicto de 12 triunfos, con 11 nocauts, el soviético recibió la oportunidad de pelear por el título mundial el 23 de junio de 1992. En el mismo lugar para sumo donde había debutado, la arena Kokugikan, Arbachakov noqueó en ocho asaltos al entonces campeón mosca del CMB, el tailandés Muangchai Kittikasem.

La historia había avanzado de prisa, en un parpadeo. El 23 de junio de 1992, cuando Yuri Arbachakov se convirtió en el primer boxeador soviético en ser campeón mundial, la Unión Soviética ya no existía.

Coincidentemente, el proyecto político de apertura que le había permitido salir del país, la Perestroika de Gorbachov, fue el que propició una profunda crisis económica. Eso condujo al colapso de la Unión Soviética, y a que cada una de las 15 repúblicas que conformaban la unión, fueran declarando su independencia. Incluido Rusia, donde había nacido Arbachakov.

En los libros de historia, el primer boxeador nacido en Rusia que ganó un título mundial es Louis Kid Kaplan, según The Ultimate Encyclopedia of Boxing. Otras fuentes, como BoxRec, señalan que Kaplan nació en Kiev, Ucrania. Sin embargo, Kaplan nació en 1901 y emigró con su familia a Estados Unidos cuando tenía cinco años. En ese entonces, Rusia seguía siendo un imperio. Fue hasta 1922 que nació la Unión Soviética con su sistema comunista luego de la revolución de 1917. Kaplan se coronó campeón mundial pluma en 1925.

Pero aclarado lo anterior, Yuri Arbachakov sí es el primer boxeador nacido en la Unión Soviética, y formado en el sistema comunista, en ser campeón mundialYuri realizó nueve defensas consecutivas exitosas del título mosca del CMB en esta división.

Su hito vino acompañado por un nuevo elemento propio del llamado American Way of Life. En la cartelera donde el soviético se coronó campeón mundial, también peleó el actor estadounidense Mickey Rourke. Mundialmente famoso entonces por la película Nueva Semanas y Media, que estelarizó con Kim Bassinger y que lo catapultó como un astro de Hollywood. Rourke era un entusiasta del boxeo y ese día venció al infame Darrell Miller por nocaut en el primer round, en un duelo de pesos supermedianos, para abrir el telón en la arena Kokugikan, en Tokyo.

El mundo había girado tanto que en 1992 Arbachakov compartía el ring con un actor de Hollywood al que tan solo unos meses antes tenía prohibido ver. En la Unión Soviética estaba prohibido ver peleas de Occidente, y las peleas de Hollywood solo podían verse en cartuchos piratas contrabandeados desde fuera del país.

Tras su coronación, Arbachakov se convirtió en un ídolo para los aficionados japoneses.

“El boxeo ruso se popularizó finalmente, eso fue demasiado”, recuerda Arbachakov. “Gracias a la popularidad de un actor americano como Mickey Rourke, una persona tan famosa, quien en entonces también boxeaba. Él se quedó viendo todas las peleas esa noche para apoyarme, y para apoyar a mi gimnasio Kyoei Promotions. Lo invitaron a los vestidores para tomar fotos y de alguna manera eso se popularizó. Fue como una bomba”.

Y ahí nació la leyenda del  llamado “Samurai Ruso”.

Yuri Arbachakov se retiró en noviembre de 1997 tras sufrir su única derrota como profesional en la que perdió su título mundial ante Chatchai Sasakul. Dejó su foja en 23 triunfos, 1 derrota y 16 nocauts. Cerró así, una carrera que un día lo pondrá en el Salón de la Fama del Boxeo Internacional, de Canastota, Nueva York.

Además de Arbachakov, de aquel grupo inicial de cinco boxeadores que salieron de la Unión Soviética para volverse profesionales, saldría otro campeón mundial.

Orzubek Nazarov se coronó campeón mundial de peso ligero de la AMB el 30 de octubre de 1993. Habían pasado 16 meses de que lo hiciera Arbachakov. Nazarov hizo seis defensas exitosas del cetro antes de perderlo en 1998 y retirarse. Hoy, Nazarov está en los libros de récords como el segundo boxeador nacido en la Unión Soviética en ganar un título mundial. Y es también, el primero nacido en la actual república de Kirguistán en lograrlo.

Con el colapso de la Unión Soviética, el camino se abrió. En 1995, otro ruso, nacido en la Unión Soviética, Kostya Tszyu, se coronó campeón mundial súper ligero. El tercero soviético en lograrlo. Tszyu había salido de su país unas semanas después del colapso de la Unión Soviética y se mudó a Australia. Ahí empezó una exitosa carrera profesional que lo llevaría al Salón de la Fama del Boxeo.

El regreso de Yuri Arbachakov a Rusia

La historia de Yuri continuó, por supuesto tras el boxeo. Junto con su esposa japonesa Kayok, como buen converso al capitalismo emprendió un negocio en Japón poco después de su retiro, pero no dio los resultados financieros que esperaban.

Arbachakov, junto a su esposa nipona, decidió empacar sus cosas y volvió a su país para vivir en San Petersburgo, Rusia. Encontró un país muy distinto al que dejó.

Allí, Arbachakov comenzó a reencontrar una pasión por la ciencia dulce una vez más. Esta vez como uno de los funcionarios de la Federación de Boxeo Profesional de San Petersburgo, como entrenador, y administrador de un gimnasio.

La prensa local reporta que ocasionalmente, Yuri visita su vivienda original en la región del óblast de Kemerovo. Ahí, desde 1993 han celebrado un torneo de boxeo amateur en su nombre. 

Su pueblo natal de Ust’-Kezes también ha honrado a su superestrella local nombrando una calle en su honor. También ha tomando medidas legales para usar el apellido de Yuri como el nombre de la comunidad misma.

La trascendencia de Arbachakov está impresa en la cultura japonesa también donde ha aparecido en las portadas de discos de rock y ha sido objeto de tributos en personajes de ánime recientes.

Yuri Arbachakov
Foto: Danil Aikin/TASS

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Written by Jesús Ibarra

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